Capítulo 64
No diga 'mariconez', diga 'ridículo'
"La idiotez es una enfermedad extraordinaria: no es el enfermo quien la sufre, sino los demás" (Voltaire)
| La noche de la 'mariconez' |
Porque el espíritu de Operación Triunfo -el de antes- quedó en el olvido. Cuando durante la semana se hablaba de lo bien cantaba uno, lo mal que desafinaba otro y, si me apuras, lo llorica que era alguien en la academia, ¿verdad, señor Busta?.
Sí, adanistos/adanistas, que piensan que OT nació con la tortuga de Roi y los chirridos de Cepeda, antes este programa consistía en ver quién cantaba mejor. En una época las galas se decidían en el plató, y no en el Twitter, esa fuente de ideas y creadora de genios que desde que le dieron a registrar y se pusieron la bandera arco iris de avatar ya creen contar con el patrimonio de la razón, no la suya sino también la de los demás.
Una palabra, una simple palabra fue suficiente para crear una polémica que, si uno se pone a pensar, solo se generó ahí, en la red. Una panda de indignados/indignadas, de resentidos/resentidas, que piensan que algo tan grave como la homofobia surge a través de estos detalles y que consideran que la libertad de expresión se calcula al peso. Si se vence a la izquierda es deplorable; si se vece a la derecha es bienvenido. Dicho de otra forma, si alguien canta mariconez, es un hecho intolerable; si alguien rapea que hay que poner bombas al Rey, es un himno a la expresión en libertad.
Pero es que ni con esas. Fíjense. Es tal la descontextualización de el hecho que empiezo a darme cuenta de que a la gente eso le da igual. Les importa un bledo que se trate de homosexualidad, de veganismo de feminismo, etc. Ellos/ellas solo buscan ganarse el aplauso (el me gusta) fácil para sentirse bien consigo mismo y así pensar que con su maravilloso tweet con hastag van a cambiar el mundo.
Todos, repito, TODOS, sabían que esa canción no ofendía a nadie. Aparte de estar escrita en años en los que desgraciadamente la lucha contra la homofobia era aún tema tabú, no existe ningún atisbo de discriminación. Pero hay que generar ruido, hay que conseguir ser protagonistas en redes, que para eso están.
Para que se den cuenta, ni los propios intérpretes -María y Miki- a los que no achaco ni la más mínima parte de culpa de esta absurda polémica, tan solo se limitaron a pedir que si, por favor, podían cambiar la palabra. Les dijeron que no, y lo acataron. Pero claro, la gente tenía que seguir; tenían que decidir por ellos. Como siempre.
Y la historia terminó con otro tipo de ruido: el de los abucheos a una figura musical como es Ana Torroja. Una mindundi, para ellos/ellas, que la tachan ahora de homófoba, y a la vez prefieren bailar al sol de Mala Mujer o de esos versos tan tolerantes, feministas y respetuosos que dice -que no canta- Maluma. A esos hay que aplaudirlos como iconos de la música española.
Lo siento por Mecano, el mejor grupo musical en la música española en los años 80 (bah, a quién le interesan esos años). Eso es prehistórico. Porque el mundo nació con Pablo Iglesias y el selfie, todo lo anterior es simplemente un pasado arcaico, fachoso y no hay que luchar por cambiarlo, sino por suprimirlo.
Sería irrespetuoso por no decir mediocre que ahora Mecano, grupo en el que, por cierto, reside Nacho Cano -uno de los cantantes que más lucharon por los derechos del colectivo LGTB (pero eso, en fin, qué más da) sea recordado por esto. Tristemente, y con el poder de las redes sociales, así será, y los niños en vez de cantar "Ahí me colé y en tu fiesta me planté", hablarán de Ana Torroja como la jurado de OT que no dejó quitar una palabra que para ellos/ellas era homófoba. Estamos a tiempo de que no sea así.
A tiempo de cambiar el rumbo que llevamos, que no lleva a otro sitio que no sea el enfado constante. Ya di por perdido el humor, ya entendí que todo el mundo que no dice que España es una mierda es un completo facha. También sé que cagarse en el de arriba es maravilloso y que ser políticamente correcto te abre las puertas del buenismo eterno (y de los retuits a puñaos). Yo, como habéis comprobado, de bueno no tengo ni el flequillo, ni quiero. Tampoco caer ni en el ridículo ni en la idiotez (o estupidez, si preferís llamarlo así, no sea que haya podido ofender a los idiotos/idiotas, que empiezo a darme cuenta de que hay más de los que creía).