Capítulo 68
Sánchez pa tu manaa
«He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria como para dejarla en manos de los políticos» (Charles de Gaulle)
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| Sánchez evita a Iglesias |
No insistáis más. Ya nos hemos dado cuenta todos. Una vez está bien, dos es hasta gracioso, pero a partir de ahí uno empieza a traspasar la delgada línea del cansinimo. Después de pensar que con el "pon un emoji y te digo las preguntas" ya habíamos tenido suficiente este verano, llegó el penúltimo iluminado que se levantó con la neurona cambiada a decirnos que sco pa tu manaa. Esa expresión que primero pensamos que era un insulto y luego vimos que era la enésima tontería, de la que una vez más nos íbamos a enganchar.
Y así mantenernos entretenidos para olvidarnos de la realidad que nos acompaña, que no mejora con los años. Más bien va a peor. Hace no mucho escribí que la clase política era decepcionante. Tampoco descubrí el mundo con ello. Pero tres años después me he dado cuenta de que me quedé corto. No tenemos Gobierno, otra vez, porque en este país nadie es capaz de ponerse de acuerdo. Ni ellos, ni nosotros.
Desde hace un tiempo hemos dejado de escuchar aquello que no es sinfonía para nuestros oídos. Somos incapaces de debatir sin disucutir; incapaces de valorar lo que dice la opinión contraria; incapaces de ceder; incapaces de no mirarnos el propio ombligo. Incapaces de aceptar que hay gente que piensa distinto a nosotros. No hablo solo de política, hablo de nuestro día a día.
No hay cosa más triste que ver a dos amigos no hablarse por "política". No hay mayor decepción que una familia enfadada por "política". Y siempre le echamos la culpa a ella, a la política, cuando la responsabilidad está en los que no saben practicarla. Y con los referentes que tenemos ahí arriba, en ese Congreso convertido en el Circo del Sol --con respeto al circo--, que pasan más tiempo criticando que solucionando, mal nos irá. Noventa días después de votar, estamos como estamos: rezando para que en noviembre no tengamos que repetir tal tarea, aunque algunos ya tenemos muy claro que no lo vamos a hacer. Por tres razones.
La primera, pero no la única, aunque sí la más importante, porque sería un insulto. Nos enfrentaríamos a las cuartas elecciones en tres años, con el dineral y, sobre todo, la crispación que eso supone. Se han reído de nosotros y cada vez que salen a dar declaraciones resultan más impertinentes, malsonantes y demagogas. No merecen que nos esforcemos en hacer un sobre con o sin papeleta.
La segunda, porque no hay a quién votar. No podemos votar a un partido que retrocede en derechos sociales, y que hace imperar un discurso en el que está la rojigualda y nada más. No podemos votar a un grupo que aterriza en el Congreso a golpe de "no más sillones" y que impide el Gobierno precisamente por no tener los sillones que querían. "No nos representan", dicen, pero tampoco son capaces de representar.
No podemos votar al partido de la regeneración, que no regenera, pero menos aún votar a quienes viven en la selva sin leyes. Tamopco a proetarras, ni a quien está más preocupado de Cataluña y Venezuela antes que del resto de mortales. Aunque de mortales sabe mucho el Señor Sánchez, cuya única obsesión sigue siendo alguien que ya no vive, que lleva cuarenta y cuatro años muerto y que ha sido incapaz de mover del Valle de los Caídos, pese a que significaba la medida estelar de su programa electoral. Es una incongruencia que Franco continúe ahí y por eso este Gobierno (en funciones) es todavía más estéril.
Y la tercera, porque los domingos son para el sofá y para pasar la resaca aquellos que se pasaron la noche subiendo historias a Instagram. No para acudir al colegio --alguno ya habrá ido más veces a votar que a clase-- a ejercitar la democracia. Igual es momento de que nosotros dejemos de practicarla y lo hagan los que realmente mandan. Que ya es hora.
Hablamos de izquierdas y derechas como de amapolas y girasoles. Hablamos de fachas como si fueran caramelos. Unos de naranja y otros de manzana. Insultamos al contrario a la mínima que tiene algo que no nos gusta. Y todavía habrá gente que se sorprenda de que no haya Gobierno. Lo raro sería que lo hubiera. No hace falta votar cada seis meses para comprobar que somos incompatibles; que un lunar que hace diferente a alguien para nosotros es un volcán. España no ha aprendido a vivir en diversidad y el bipartidismo es una realidad más cercana de lo que muchos piensan. El experimento no ha funcionado, culpa de quienes precisamente quisieron romper con él, y por momentos lo lograron. Pero tiene los días contados.
Así que después de hacer sesenta y ocho artículos opinando o, mejor dicho, haciendo sco pa tu manaa (de las cosas que uno se da cuenta a estas alturas), estoy satisfecho. Gracias a este nuevo invento, la gente ahora opina de los temas con entusiasmo. Con mayor o menor razón, no lo sé, de lo que estoy seguro es de que no le tiraré los trastos a la cabeza a aquel que opine diferente, que exija otras cosas, que piense distinto. Ni le bloquearé, ni le negaré el saludo. Lo último que haría sería enfadarme con un ser querido por política. Que lo hagan ellos, los responsables. Los que no merecen que gastemos más líneas escritas, más repulsas ni reprimendas al de derechas ni al de izquierdas, ni papeletas depositadas en urnas llenas de ideas, pero vacías de utilidad, como ocurrió, otra vez, este mes de abril. Ahora es tu turno de opinar. Sco pa tu manaa: Pedro Sánchez.
