Capítulo 37
La política ya es de todos
En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno
(Konrad Adenauer – Político alemán)
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| La tribuna del Congreso |
Hoy
toca hablar de una historia que, desgraciadamente, se está convirtiendo en un
drama. El primer cuento de la historia donde el lector cree saber más que los
actores, incluso antes de abrir el libro. Un relato que cada uno entiende como
le conviene, con varios intérpretes: aquel que para el lector es el bueno, y el
resto, que son los malos. La situación de hoy hace que esté de moda hablar de
política o, mejor dicho, hablar MAL de política.
“¡Qué
inútiles son!” “No tienen ni idea”. Estas son frases que, cargadas de razón o
no, se están convirtiendo en tópicos del día a día, y que con solo
pronunciarlas ya hace ver a los demás que sabes de política. Cualquiera puede
hablar de este tema ahora. Con decir que Rajoy
es un vago, o que Pablo Iglesias es
un ‘perroflauta’ ya uno se siente con poderío en el tema, con sabiduría.
Eso sí, no vale ser neutral, hay que
significarse. O tiras para un lado y pones verde a unos, o tiras para el
otro, y criticas a los unos. Nada de objetividad.
Entremos
en materia. Tras más de seis meses sin gobierno, parece que nos encaminamos a
otra sesión de investidura fallida, esta vez de Mariano Rajoy, y por qué no, a
unas nuevas, inéditas y bochornosas
terceras elecciones. Es curioso: todos los partidos opinan lo mismo, que ir a
las urnas sería un fracaso, pero tampoco se parten el omoplato para formar
gobierno. Sí, esos que únicamente piensan en los intereses de los ciudadanos.
Pero
la culpa no es suya (dicen). Al PP parece que no le dejan, en el PSOE no quiere dejar, no quiere
presentarse, y no quiere elecciones (muy lógico), Podemos, situación
parecida, y Ciudadanos idea la estrategia para no perder más votos en caso de
terceras elecciones. Todos esperando a ver si es el otro quien da su brazo a
torcer. La espera continúa…
Pero
como digo, antes la política era tema de
los mayores. Se trataba los domingos a la hora de comer y poco más. Ahora,
es de todos. Un tema que me da muchos quebraderos de cabeza es el de la libertad de expresión. No, no estoy en
contra de él –Dios me libre–, pero sí de su actual uso. Por ejemplo, nosotros
tenemos que respetar que se produzca un referéndum en Cataluña para ver si se
van de este país (aunque empiezo a verlo normal, después de que en algunas
cadenas nos comparen con Senegal), pero ellos tienen toda la libertad de
expresión para no respetarnos a nosotros, pitando el himno. Nosotros no podemos
decir algo malo de los animales, pero luego alguno puede bailar en la tumba de
un torero porque es libertad de expresión. Ese es el concepto para algunos. Y a
estas alturas, quizá habría que empezar por centrarse en otro que es incluso
más importante y que engloba todo: la educación, que hace mucha falta, sobre
todo en estas situaciones difíciles.
Y
retomando el cuento, les hago una pregunta: ¿la mayoría de la gente que habla
de política es neutral? En mi opinión, no. El éxito parece estar en
radicalizarse. Si a mí el líder de un
partido me dice algo, aunque no sepa lo que es, lo apoyo. Eso es. Da igual
lo que diga, es de mi partido. Para
algunos, si el líder de su partido le dice que hay que salir desnudos a la
calle, lo hace. Y eso es lo que ocurre. Extremos. Nadie parece cometer
errores, ni equivocarse.
“Los
siete millones de votantes del PP son cómplices de la corrupción”. Pues oiga,
igual también opina que los millones de que twittearon “todos somos Messi”, son
cómplices de un fraude. Hasta ese punto llegamos.
Hace
un par de años ni se me pasaba por la cabeza hacer un artículo sobre política.
Este tampoco lo es, tan solo remarca los valores que existen ahora mismo
alrededor de ese tema. Lo cierto es que, al contrario, sí que hay algún
iluminado que por poner tweets diciendo que “la
gente que vota al PP no tiene ni idea” o “los de Podemos son unos malnacidos” ya cree saberlo todo.
Les
doy un último consejo. Lean. Si quieren hablar de algo, lean. Su juicio sobre
algo será mayor cuanto más se hayan documentado sobre ello. No hablen sin
conocer, o háganlo, pero no se crean los más listos. Y, por favor, cuando abran
el libro, no piensen que ya lo saben todo, dejen que los actores les
sorprendan. Quizá al acabar la historia, su pensamiento ha cambiado.



