Capítulo 65
VOX es culpa tuya, y mía
"Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto" (George C. Lichtenberg)
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| Vox irrumpe con fuerza, de momento, en Andalucía |
A esta hora todavía hay
quien se pregunta cómo ha ocurrido. Aún hay políticos, personas, twitteros
incluso que siguen sin entender cómo ha llegado hasta aquí esta especie de
demonio, que parece haber nacido hace unas semana, invento de cuatro individuos
fachosos que se levantaron un día ociosos y sacaron la rojigualda del cajón,
gritaron Viva España y se presentaron a las urnas, como quien va a comprar el
pan.
Cómo pudo pasar, dicen
todos estos adanistas que creen que en la red surgió el botijo, y que,
envueltos en pijama y manta, habían publicado mensajes furiosos con todo su
empeño, clamando el sentido común a los andaluces en la jornada de reflexión (y
eso que el CIS estaba tan tranquilo, con la situación presuntamente controlada). “Tenéis que votar a quien nosotros decimos,
no seáis fachosos, queridos andaluces”. Lástima que, cuarenta y ocho horas
después, todos esos votantes a los que clamaban han pasado a ser unos incultos,
unos "ignorantes" y unos "fascistas" (todo el mundo lo es, pero ellos más).
Porque votaron a VOX,
hasta el punto de que ha conseguido doce escaños, y provocó en alguno una
sensación de noche “más negra” solo comparable a aquella en la que un tipo con
pelo naranja que hacía cameos en Solo en Casa salió elegido presidente de la
nación más importante (y ahora más antidemocrática) del mundo. Y por qué salió
Trump, por qué volvió a ganar el PP, por qué irrumpe VOX. Por una serie de
razones que se reducen en una: el hartazgo.
No hace falta ser
politólogo para saber que en los momentos en los que reina la crispación cuando
el populismo entra en auge. Al igual que ocurrió con Podemos, nacido de la
mayoría absoluta inmóvil del PP y, en consecuencia, de la sentada histórica del
15-M. Así surgió la formación morada, que ha pasado a convertirse en socio
principal de Gobierno –algo de lo que pocos se dan cuenta–.
¿Alguien se ha
preguntado por qué en la era de lo políticamente correcto surge el extremo de
lo políticamente incorrecto? ¿Alguien se cuestiona cómo es posible que en el
momento de mayor voz del feminismo salte un partido contrario a la ideología de
género? Por increíble que parezca, hay gente que está en contra: en contra de
que los partidos de izquierdas sean incapaces de defender la clase trabajadora,
en contra de que la derecha lleve años salpicada por la corrupción, de que el
Presidente del Gobierno un día sea del Sevilla y otro del Betis. En definitiva,
en contra de una clase política incapaz de reflejar lo que piden los españoles.
Y, ante eso, el populismo: ese movimiento que propone soluciones fáciles a
problemas laberínticos.
Es de pobre pensamiento
creer que la mayoría de gente (una parte es evidente que sí) vota a VOX para
fastidiar a los homosexuales, para erradicar el feminismo (el que predican
algunos/as sí, desde luego) o para dejar a Franco donde está (total, tampoco
está para moverse el solo). Porque no es cierto: este partido, al igual que
Podemos en su día, se ha convertido en la única válvula de escape de un sistema
político que a día de hoy está podrido, tanto a la izquierda como a la derecha,
cuyos líderes parecen competir cada día por ser los más ignorantes y
,además, parecerlo ante las cámaras. Esa es otra.
Porque si se habla del
auge de VOX no se puede dejar de lado el periodismo que, gracias a este caso,
ha vuelto a demostrar que atraviesa su etapa más ignominiosa y humillante desde
que disfrutamos de democracia (ahora que cumplimos 40 años de la Constitución).
Todavía hay quien no se ha dado cuenta de que por cada menosprecio a esta
formación política ha nacido un votante más.
Dónde está aquel periodismo que se
dedicaba a ser neutral, a dar una información veraz, contrastada, sin carices
ideológicos. Pasó a la historia, pues es más importante hablar del “partido
fascista”, de “los fachas” y de “la extrema derecha” para satisfacer a los que
se sientan al televisor para refrendar sus ideas progresistas (pero que a la
hora de votar se quedan en casa). Lo hicieron con el PP –volvió a gobernar–, lo
hicieron con Trump –fue presidente– y ahora con VOX –y aquí está–. El efecto
rebote, que le llaman.








