Capítulo 62
Querido Playmobil
"No nos dimos cuenta de que estábamos haciendo recuerdos, solo sabíamos que nos lo estábamos pasando bien" (Anónimo)
Querido,
playmobil:
Espero
que estés bien porque ya hace unos añitos que no te veo. Desde que te dejé en
el trastero, muchos días me acuerdo de ti, de esos momentos tan divertidos que
pasábamos en el suelo de casa, en ese coche de juguete en el que te tuve que romper un
brazo para que cupieras. Te escribo para decirte que cada vez hay menos de tu
especie. Los niños ya cambiaron de juguete. Vengo ahora de la calle y veo que
ya no estáis de moda. Ahora pasean con móviles, juegan con móviles, quedan con
móviles… y llego a pensar que son unos ingenuos, que no saben ser niños, que no
conocen lo que realmente es divertirse.
![]() |
| Éramos tan felices... |
No
sé si la infancia es, como algunos piensan, la mejor etapa de la vida. Para mí
sí, no sé si porque fui demasiado feliz en ella o porque mi adolescencia no
superó mis expectativas. Y pienso así porque la niñez me ayudó a mostrarme que
no se necesitan grandes cosas para ser feliz, sino que hay que disfrutar de lo que
realmente tienes. Al menos en mi caso. Sea como fuere, la recuerdo como algo
especial.
Y a medida que pasan los años me siento aún más orgulloso de las cosas que viví y
que –lo siento, sé que no está bien comparar– están a años luz de las que ahora 'gozan' quienes transcurren por este maravilloso terreno de la vida. Porque a diferencia de ellos, lo hacíamos solos, y no acompañados de...
...ese inseparable teléfono móvil.
¿Os acordáis de ese momento en el que
teníamos que bajar de casa y llamar al telefonillo de nuestro amigo para saber
si estaba? Era, por instantes, emocionante. El pulso se aceleraba porque en
pocos segundos ibas a conocer si te esperaba una tarde entretenida entre amigos o te tenías
que buscar la vida solo, una vez más.
Sobre
todo cuando era el típico empollón que sí estaba, pero que tenía que estudiar
mucho ese día (en aquella época no se quedaba porque había que estudiar,
fíjate que cosas). Te dabas la vuelta triste, desolado, pensando en qué narices
ibas a hacer, porque no contabas con la alternativa de hacer stories, ni de crearte un ask ni de poner notas a usuarios desconocidos en una red social. Eso era lo bonito; desarrollar la imaginación para
no caer en la dejación.
Todo ello, sin móvil.
Los
que somos hijos únicos, sobre todo, lo sabemos. Nos las teníamos que ingeniar
con algunos cacharros que, si se los enseñas a los niños de ahora, se
sorprenderían y los apartarían rápidamente a un lado. A edad muy temprana, las cocinitas (y no, no tenían bluetotth), años
más tarde las construcciones Lego (echabas horas, pero no tenías Whatsapp para
distraerte), los puzzles de 1000 piezas, y después los scalestrix: algo tan
sencillo como manejar un coche con un mando, pero que ya solo el hecho de
construirlo te producía una emoción tremenda.Y,
por supuesto, los famosos Playmobil.
Y todo ello, sin móvil.
Pero
también salía a la calle, no penséis que era un autista, incluso era capaz de
hacer amigos. Parece mentira, ¿verdad? Sin la necesidad de mandar un MD, ni de
poner un punto para que me puntúen, ni compartiendo porros, era capaz de hacer
amistades. Bastaba con un simple “¿puedo jugar?” para unirse a gente nueva y
pasar ratos increíbles que se ponían fin, eso sí, cuando mi madre me llamaba
desde casa –a gritos, claro, porque a esa edad yo no tenía móvil– para que
subiera a cenar.
Eran
otros tiempos, otras diversiones. Se jugaba a puntos, al pilla-pilla, a sangre, juegos para pasar un rato agradable, y que se disfrutaban incluso con gente desconocida. Uno se encontraba a personas muy distintas: generosos que te dejaban el balón,
amargados que no te dejaban jugar al fútbol porque eras demasiado bueno (no es
mi caso) o te ponían de palomero (ese sí) porque solo la dabas con el piquerón.
Pero
la mayoría era amigable, no como yo que no era capaz ni de prestar durante un
rato mi coche teledirigido radio-control multi-función. ¿Acaso seguís viendo
esos coches? Ya no.
Porque no se usan con el móvil.
Porque no se usan con el móvil.
Lo
que ya había era televisión, y grandes momentos con ella junto a esos seres
cada vez más extraños, que son la familia. Yo tenía un plan que sobresalía por
encima de los demás: las noches de verano, con el Grand Prix.
Lo
siento, no podía pasar este artículo sin hacer mención al mejor presentador de
la historia de televisión, a las vaquillas, a las cucañas, a las hostias de los
troncos locos, y a esa patata caliente que explotaba cuando quería. Cada día
que pasa echo más de menos un programa así, capaz de reunir a toda la
familia, riendo.
Ahora no, prefieren El Hormiguero.
Ahora no, prefieren El Hormiguero.
Con
todo esto no pretendo creerme mejor, ni más feliz que nadie, ni señalar a mis
generaciones como mejores, aunque sí más afortunadas. Pero sí quiero ayudar a
comprender el paso del tiempo. Cuando mi padre (ya ni siquiera digo mi abuelo)
me narra sus historias de su infancia, no puedo evitar soltar ese “cómo te
podías entretener con eso”, e imaginarme lo deprimente que pudo resultar todo
aquello.
En
unos años tú, yo (espero) escucharemos esa frase, con la
diferencia de que cuando la pronuncie el peque de la casa, mientras tanto, tendrá los ojos puestos en esa pantalla
de Iphone, los dedos en el teclado y la mente vaya usted a saber dónde. Solo en
ese momento entenderemos lo que papá nos dijo.
Puede que ahora los chiquillos
sean más felices porque lo tienen todo, pero de verdad creo que hoy los niños son menos
niños que nunca. Pues hace tiempo aprendí que la felicidad no la da el dinero,
ni los contactos, ni los smarthphones, sino los momentos. Es triste que ahora
no lo vean, pero qué feliz me hace saber que nosotros lo descubrimos a tiempo.
![]() |
| Para qué quiero una cometa, si tengo el mejor móvil |







