domingo, 13 de septiembre de 2020

CAPÍTULO 70: Ahora volved a aplaudir

 

Capítulo 70

Ahora volved a aplaudir

«No hay nadie más cobarde que aquel que sabe qué es lo más correcto y no lo hace» (Confucio)

 



Hoy al despertar por un momento fui (más) feliz. Abrí los ojos pensando, como últimamente, en lo planes que iba a hacer durante el día, distintos desde que el coronavirus entró en nuestra vida. Hasta que entré en el móvil y amagué con sonreír. Entrar en Instagram fue como una bocanada de aire cuando vi vídeo tras vídeo de la gente de fiesta, con decenas de personas alrededor, sin necesidad de mascarilla, tocándose, besándose. Y en mi inconsciencia provocada por mi recién despertar imaginé que todo había pasado ya. Por un momento.

Cuando escribí en junio dije que el héroe es quien entiende la responsabilidad que viene con su libertad. Estaba en lo cierto y solo aquel que la entendiera iba a “poder” con esta situación. El problema es que para algunos su responsabilidad terminaba en su balcón, dando palmas.

Habéis demostrado que no dais para más. Confiamos en nosotros mismos, algunos directamente ni llegaron a hacerlo, cuando el 21 de junio nos abrieron las puertas a la famosa nueva normalidad. Todos pronunciábamos la misma preocupación: la presencia de imprudentes que nos podían chafar los planes a los que tanto nos había costado volver: las quedadas con la novia, el regreso al fútbol, los erasmus o un elemento que a medida que pasan las semanas ha dejado de importar a la mayoría (o al menos sus actos así lo reflejan): la familia.

La familia, esa gran olvidada. La que cada domingo visitamos porque es lo que más queremos, doce horas después de haberla olvidado entre cubata y cubata, distancia de medio metro y mascarilla en el bolsoNunca pensé que el egoísmo podía representarse tanto y tan de seguido. Desde el momento en el que supimos que esta pandemia no iba con nosotros, con los jóvenes, que esto era un mero de juego de restricciones que había que esquivar, decidimos que nuestra salud presuntamente intocable podía exponerse a cambio de poner en riesgo la de los demás. Sábado tras sábado, quedada tras quedada.

Pero la familia no es la única que se esfuma de nuestra memoria a corto plazo, que parece haber desterrado los dos meses del “trágico” confinamiento. Lo peor que han vivido algunos, eso decían, hasta que nos hemos dado cuenta de que no, que, con tal de ir al local, a la peña, da lo mismo pasar otros 60 días encerrados.

Soy fiel defensor de las redes sociales pero reconozco que he sentido vergüenza. Todo el mundo que me lee sabe de sobra que antes del Covid pasaba muchos sábados en casa. Nunca tuve el desparpajo de salir a beber y sentía envidia de aquellos que eran capaces de no aburrirse nunca. Pero ahora entiendo que para muchos es ya una enfermedad incurable, pues no conocen el disfrute de otra forma que no sea entre ron y matorrales, sabiendo además que ahora está (más) prohibido.

Hemos fracasado. Nos han dado una oportunidad de demostrar que podíamos ser diferentes, que por una vez podíamos dar ejemplo. Quién nos mandaría confiar en nosotros. Nos han tenido que poner restricciones, cada vez mayores, porque ya hemos visto que responsables no somos, sino egoístas y en muchos casos miserables. Si aquí te lo prohíben, vas allí. Si tienes que pagar una multa, la pagas. Y no solo eso, sino que además lo subes a las redes para reírte a carcajadas de los que intentamos cumplir para que esto acabe cuanto antes.

Qué difícil es quedarse en casa un sábado por la noche. Estáis dispuestos a pagar cualquier precio con tal de que no suceda tal terrible situación. Y aunque los amigos os ofrezcan un plan que sabéis perfectamente que no se puede hacer (ya no digo que sea peligroso, porque eso parecer dar lo mismo, sino que esté prohibido), acudís porque no salir es una derrota para vosotros. Cualquier cosa, pero eso no. En menos de dos semanas veremos cuántos se tienen que arrepentir.

Hay quienes desde el principio, desde el 2 de mayo, cuando salimos por primera vez a correr, el virus ya había desaparecido. Se esfumó. Pero los hay todavía peores, los que hacéis lo mismo que ellos, pero después de haberos hartado a dar lecciones de moral. Después de lucir el cartel de quédate en casa, de aplaudir a las ocho de la tarde, porque así se solucionaba todo. Y, cómo no, subirlo al Instagram, el mismo que hoy deja ver todas vuestras vergüenzas.

Podéis minimizarlo, podéis decir que es solo un virus, que solo fue un día, que somos siempre el mismo grupo de amigos, que en tu pueblo no hay peligro o el mejor argumento de todos: “a mí no me duele nada”. 

Porque en dos meses no habrá Pipeta, no habrá piscinas, no habrá fútbol. Pero tampoco hay que preocuparse porque nosotros estamos bien, en casa, asintomáticos casi todos, aplaudiendo desde nuestro balcón como grandes ciudadanos. Con la única manera de tener un tubo en la tráquea para darnos cuenta de que hemos fracasado sin ni siquiera haberlo intentado. 

 

Viñeta de El Jueves (03/09/2020)



viernes, 1 de mayo de 2020

CAPÍTULO 69: La oportunidad de nuestras vidas

Capítulo 69

La oportunidad de nuestras vidas

«Un héroe es alguien que entiende la responsabilidad que viene con su libertad» (Bob Dylan)


Foto: El día digital

Quedan unas horas para que todo lo que hemos conseguido en 50 días valga para algo o no valga para nada; para demostrar que hemos escuchado, aprendido de un error que no fue culpa nuestra, pero sí pertenece a nosotros la capacidad de subsanarlo. Las calles van a volver a recibir nuestra visita. Más aún en estos primeros días en los que más que salir de casa vamos a dejar el ostracismo para disfrutar del desahogo. En nuestra mano está no volver a los que han sido, para la mayoría de nosotros, los días más negros de nuestra vida.

En este mes y medio nos hemos consumido. Nos hemos hartado de ver las noticias desalentadoras día tras días, de ver curvas que no dejaban de subir, de contabilizar centenares de muertos al día y miles de contagios sin poder hacer nada. Y cada uno lo hemos vivido de una manera. Quiero contaros mi caso.

Muchos recordaréis cuando yo me encontraba en la calle Italia, contando que una mujer que venía de China podía ser el primer caso de coronavirus no solo en Valladolid, sino en la península. Muchos criticaron la información que dimos porque asustamos demasiado a la gente. El tiempo, desgraciadamente, nos dio la razón, porque la pandemia ya estaba aquí, vaya usted a saber desde cuándo. Era el 11 de febrero, mes cuando todo empezó realmente, y en marzo llegaron los primeros contagios confirmados a España y yo, en la televisión, me encargaba de contabilizar los casos diarios. Solo un caso más ya era noticia por aquel entonces. Ahora hay uno cada diez minutos. Yo he sido uno de ellos, salvo que ahora los famosos anticuerpos indiquen lo contrario. Es una pena que haya quienes aún no se dan cuenta de lo que estamos viviendo y es repugnante que para percatarse haya que vivir una desgracia de cerca.

Tenemos la mayor oportunidad de nuestra vida para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de anteponer la responsabilidad al deseo.

Por nuestros mayores. Por quienes aún tenemos la fortuna de verlos cuando todo esto acabe, pensando que hay muchos otros que no tendrán esa suerte. Por los sanitarios, a quienes nos hemos hartado de aplaudir cada tarde noche porque nadie lo mereció más, dejándose la salud cada día, y que no soportarían ahora un rebrote. Nadie lo soportaría. Por los trabajadores que han hecho que el mundo continúe y que ahora necesitan volver a nuestra realidad. Por los estudiantes, que viven una situación excepcional. Pero también por nosotros.

No podemos obsesionarnos con una ensoñación. Nuestra vida tal y como la conocíamos ha terminado. Al menos durante un tiempo muy largo. Los conciertos, las cenas multitudinarias, la libertad total quedará restringida sin plazo fijo. Pero gracias a estos 50 días hemos aprendido a valorar las pequeñas cosas. Nunca ha sido tan valioso pisar la acera de enfrente. Nunca un abrazo ha sido tan añorado. Nunca volver a mirar a los ojos sin una pantalla entre medias fue tan emocionante. Estamos muy cerca de conseguirlo. Ahora no podemos fallar.

Hace siete días la mayoría nos alarmamos cuando vimos calles repletas de niños incluso jugando entre ellos, con los padres hablando. Es duro y posiblemente tenga consecuencias nefastas (los datos lo dirán), pero nos puso en sobre aviso de lo que no puede ocurrir si convertimos esto en un juego de quién es capaz de estar más tiempo en la calle.

Para muchos esto será un desafío, una competición por ver quién es más valiente (ellos consideran valiente a eso). Ellos se atañen a que la ley lo permite. Y no les falta razón. Podemos salir a correr a las 6 de la mañana, sacar al perro a las 10, después hacer la compra y por último con los niños. Nadie lo va a impedir, la ley permite salir a la calle hasta con la bicicleta, pero dentro de nosotros debería ser obligado salir también con el sentido común de la mano.

Solo eso nos salvará de volver a donde estuvimos tantos días y esta vez, posiblemente, para tardar mucho más en recuperarlo. Debemos parar un momento a pensar. Llevamos 50 días sin salir a la calle, ¿ahora tenemos que salir todos los días para sobrevivir? Estamos en un estado de alarma, en la situación más complicada para todos en los últimos tiempos, ¿no vamos a ser capaces de reprimir las ganas y tomar esta posibilidad de salir de casa con responsabilidad? Hacerlo lo imprescindible, sin juntarnos a los demás, evitando aglomeraciones. En definitiva, hacer lo que cualquier ser humano con dos dedos de frente haría para no perjudicarse a sí mismo y a los que le rodean.

La nueva vida empieza hoy. Ya ha empezado y tenemos que cuidarla. Habrá quienes se la carguen, no lo dudo. Las redes sociales se llenarán de gente que suba fotos en la calle, incluso con amigos, porque creen que así son héroes. Habrá personas que salgan al exterior cinco veces, con distintos motivos, porque como la ley se lo permite ya están ellas para aprovecharlo. Seguro que las habrá, pero a esta hora todavía confío en que serán las menos posibles y, por supuesto, en no encontrármelas.

En nuestro poder está no regresar a un tiempo oscuro (todavía continúa) que, en caso de volver a él, no tendrá salida. Estoy seguro de que podemos hacerlo. Confío en que tú también seas uno de ellos.  Es una oportunidad de oro para demostrar que valemos como personas, como país, de cara a conseguir la mayor victoria de nuestra vida.