domingo, 28 de agosto de 2016

CAPÍTULO 45 (Final temporada): Lo que bien empieza bien acaba

Capítulo 45

Lo que bien empieza bien acaba


"El final de una obra debe hacer recordar siempre el comienzo" Joseph Joubert



Uno de los muchos que se
fotografió el culo
Cuando alguien escribe una historia tiene que pensar en un final. Un buen final. Un epílogo que resuma todo aquello de lo que ha hablado y dejar al lector con el buen sabor de boca con el que empezó. Este es el final del libro, un libro que no solo he escrito yo.



Por acabar con algo agradable, y no estar todo el día poniendo verde todo lo que se mueve, hablemos de cosas curiosas que seguramente no hayan oído aún. Algo para que si no se han reído hasta ahora, provoque su primera carcajada. Mejor tarde que nunca. 


Si alguna vez por Whatsapp o por escrito se encuentran con algo así “Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwyll-llantysiliogogogoch”, no piensen que están enfadados con ustedes, o que se ha vuelto loco el teclado. Se trata de un pueblo de Gales, concretamente el tercero más largo del mundo (terminológicamente hablando). Allí hablar inglés no es tan difícil, si lo comparamos con aprender a pronunciar el nombre de la localidad.
Otra de las grandes incógnitas que aún nadie ha logrado destapar es el de la fórmula mágica de la Coca Cola. ¿Sabían que contenía cocaína en sus inicios? Pues es real. Empezó siendo una mezcla de hojas de coca y semillas de cola, incluso hay un mito que explica que originalmente era verde, ya que tenía como fin aliviar el dolor de cabeza y disminuir las náuseas. Era vendida por 5 céntimos cada vaso. Quién nos lo iba a decir. 

Pero lo que sé que os va a encantar es la simbología de una palabra: FUCK. ¿Alguien conoce de donde viene ese vocablo? O ya no digo eso. ¿Alguien se ha molestado en saber por qué se dice así? Presten atención. “Fornication Under Consent of the King” (Fornicación bajo consentimiento del Rey). Palabras que aparecían en un cartel de alguna casa donde se practicaba sexo con la venia de los reyes en Inglaterra, hace ya algún que otro telediario. 

En fin, siempre es bonito contar curiosidades. En la vida uno se encuentra con cosas raras y qué mejor que compartirlas. Por ejemplo, descubrí que el 23% de las fotocopiadoras que se estropean son por gente que se sienta sobre ellas para fotocopiarse el trasero, o que es imposible chupar el codo. Sí, seguramente esto lo sabían, pero lo que no conocían es que si son capaces de hacerlo, también serían capaces de chuparse el pito. Pruébenlo, pero ya después de acabar de leer, que no queda mucho.


Estoy seguro de que por un lado ya están hartos de oírme hablar, aunque no me escuchen y solo lean. Resulta cargante ver a un tío que da su punto de vista como si fuera el único que existe, y que critica cada cosa como si él no la hiciera. Pero como vengo diciendo en cada uno de estos cuarenta y cinco capítulos que conforman esta historia, hay algo que es muy importante y es saber reírse de uno mismo, y no precisamente tiene que ser con malos modos. Durante este mes he oído muchas opiniones. Desde los mejores elogios tanto de personas de menor edad como de gente mayor, a críticas que me han hecho replantearme muchas cosas de las que escribo. Pero, oigan lo que oigan, por mucho que les guste oír otros puntos de vista, el que cuenta verdaderamente es el suyo propio.

Nadie puede asegurar (ni yo) que el año que viene el Tuitero Resentido regrese. Puede que lo haga, o puede que su creador decida tomarse un aire renovado y tirar para otro lado. Tampoco nadie podría imaginar que a estas alturas no tendríamos gobierno, y aquí estamos, o que íbamos a tener siete oros en Río, o que las riñoneras iban a comandar la moda a veces tan agostada en un ya avanzado Siglo XXI. Puede que este sea el final definitivo, pero en este verano también hemos aprendido muchas cosas: a sonreír menos en las fotos, a ver que las redes sociales a veces no son lo que parecen, a que ser únicamente únicos es una de las mayores virtudes que a día de hoy se pueden obtener, o que un simple juego de golpear una pantalla puede cautivar la mayor parte de nuestro tiempo. Al fin y al cabo, todo sirve para disfrutar en esta vida.

Gracias a los que me leen, a los que no me leen por saber que aún hay más gente a la que podría llegar, a los que me ayudaron en cada artículo o a los que me motivaron a hacerlo, a quien me dio la idea de empezar a escribir y a quienes me incitan a no dejarlo, y por su puesto a aquellos que día a día se han esforzado en pinchar el enlace y en dejarme su comentario, ya sea crítico o no, que siempre me hace sonreír primero, y mejorar después. Espero volver, deseo que en poco menos de un año siga habiendo temas de los que hablar y darles un sentido, aunque a veces no lo tengan. Hasta entonces, disfruten de los éxitos, aprendan de los errores, ignoren lo que quiere hacerles daño y, sobre todo, dejen de pensar en la vida, y dedíquense a vivirla.


EL Tuitero Resentido

jueves, 25 de agosto de 2016

CAPÍTULO 44: Juan, Juan, vámonos de putas

Capítulo 44


Juan, Juan, vámonos de putas

"El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza." -Marilyn Monroe


¿Pensamos mucho en sexo?
En estas breves líneas podría dedicarme a contarles mi vida sexual con pelos y señales y podría ser que ocupara todo el artículo. O eso, o quizá no abarque más allá de estas dos líneas. De una forma u otra, como seguramente puedan conciliar el sueño igual de bien la sepan o no, hablemos de lo que verdaderamente importa.

Admito que estoy feliz de tener la oportunidad de escribir esto. Por una vez, aunque solo sea una, las mujeres van a reconocer que algo del sexo os gusta por fin, aunque solo sea mi artículo. Quiero enterrar ya de una vez el mito. “Los hombres solo piensan en sexo”. Muchos estudios se empeñan en seguir demostrando que el varón es el que más recurre a ese pensamiento. Según un estudio, la gran mayoría de los hombres piensan 19 veces al día en sexo, algunos llegando al exceso de tener 388 pensamiento sexuales en ese periodo. Sin embargo, las mujeres deben de hacerlo solo 10. Para más inri, los hombres piensan en sexo el mismo número de veces que en comida. Y yo, inmerso en mi cabezonería habitual, no me lo creo. Aprendamos a diferenciar dos verbos: PENSAR, Y DECIR. Y aquí llegamos al ‘quid’ de la cuestión: no es que las mujeres piensen menos, es que no lo dicen. Para un hombre hablar de sexo es como hablar de fútbol, es natural, y hasta le da seguridad. Esos que dicen que cuanto más parla un hombre de sexo es porque está necesitado, una de dos: o es una milonga, o es que todos ‘follamos’ menos que un gato con escayola. Pero no se engañen. Los hombres, por suerte o por desgracia no tienen complejo en soltar cualquier barbaridad de ese tema, hasta nos divierte, nos hace sentir liberados. No es que nos guste hablar del sexo, es que nos fascina estar entre amigos y ver quién es el que dice la mayor burrada o la palabra más malsonante del diccionario sexual. Pero, háganme caso. No por decir más, se piensa más que el que dice menos.

Pero por tópicos que no nos falten. “Todos los hombres son iguales”. “Todos piensan con el pene”. Las mujeres siempre se refugian en eso cuando no encuentran a su media naranja. La culpa nunca la tienen ellas, siempre son los otros, que están muy salidos y van a lo mismo. Para eso las mujeres son muy suyas. Ellas nunca entran a los tíos, siempre están esperando a que lo hagamos nosotros. “Tenéis que ser más lanzaos”, dicen. Eso sí, luego les pides la hora y ya saltan rápidamente con que tienen novio y le cuentan a la de al lado que es que ese ‘le ha entrado’. Los dos sexos tenemos una manía, y es que nos fascina decir que gustamos a alguien o que alguien nos está cortejando (qué palabra más vieja). “Ese/a me ha pedido fuego, quiere lío seguro”. Y se queda tan ancho/a. Y yo aún me sigo preguntando… ¿dónde está la satisfacción de decir a sus amigas aquello de  “pues me han entrado quince tíos, pero rechacé a todos”? Debe ser muy gratificante hacer la cobra a quince chicos solo para sacar más pecho entre tus amigas. Por todo ello, bravo.

Pero vayamos al meollo. El sexo. Nos gusta a todos en sus múltiples variantes. Por ejemplo, la masturbación. Siento hablar tan claro,  sé que no están acostumbrados a que les hablen claro. Todavía hay algún ingenuo que se cree que es solo cosa de hombres. Volvemos a lo de HACER – DECIR. ¿Por qué a las mujeres les da corte decir que practican sexo solas y a nosotros no? Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde el que se ‘tira’ a diez chicas es un auténtico crack y la que tiene una aventura con diez chicos es una fresca. Así es, y alguna vez cambiará pero por ahora no. Por todo ello las mujeres  son mucho más precavidas a la hora de decir eso. Mientras que los varones fardan de tener mucha más experiencia, las hembras quieren hacer ver que tienen menos. Pero tampoco es para tanto. ¿Hay algo malo en ‘tocarse’? Es flipante pero a uno no le da vergüenza decir que se fuma dos paquetes diarios, pero no es capaz de reconocer que se masturba, y es bastante mejor y hasta más sano. ¿Por qué el sexo será un tema tan tabú?

Lo será, hasta que te juntas con tus amigos. Ahí el sexo sale a relucir con total solvencia. Cuando hablas de ello con tus personas de confianza, los fantasmas salen a la luz, las experiencias de cada uno son explicadas al detalle, los tamaños de las cosas empiezan a crecer milagrosamente, y esa novia fea que tienes resulta ser muy buena en la cama. Entre amigos pocas cosas sexuales son verdad. Nos encanta fardar. En los hombres, por ejemplo, es muy habitual la “lucha de sables”: marica el que la tenga más corta. ¡Qué casualidad que todos la tienen enorme! Hasta los 22 cm todo es creíble, y de 15 para abajo vete buscando un buen médico. Las mujeres, en cambio no tienen donde mentir. Por ello son más modestas, pero a la vez inconformistas. La que tiene poco pecho quiere más, y la que tiene tanto, le molesta.

¿Alguno de ustedes ha practicado alguna vez el ‘petting’? Les aseguro que sí, aunque no sepan lo que es. En vistas de que no había una palabra que definiera ese paso intermedio entre el beso y el temido coito, este curioso vocablo ha aparecido. Definido de alguna forma: es la práctica de sexo, sin penetración. Para el Tuitero Resentido: forma elegante de decir que te has quedado a medias. Es el conjunto de caricias que se hacen para ‘calentarse’, pero sin llegar a nada que ponga en evidencia la posibilidad de que un espermatozoide y un óvulo se puedan casar. El simple hecho de no poder haber penetración te ayuda a buscar numerosas formas de excitación. Más o menos como el pintor que solo puede utilizar un color, y tiene que ingeniárselas para hacer un cuadro.

Pero no todo es tan blanco. Hay algo que me mosquea mucho más. La dichosa virginidad y la edad. Debe de venir en algún sitio escrito que cuanto antes la pierdes, más feliz eres el resto de tu vida. Mentira. ¿Acaso hacerlo con 13 años con la primera persona que encuentra es más satisfactorio que hacerlo con 18, 19, 25 años con la persona que realmente quieres? Recapaciten. Perderla tan pronto no hace feliz a nadie, salvo a los infelices. Hay alguno que por el mero hecho de sentirse presionado va al ataque sin cesar hasta que consigue su objetivo y después dice… ¿todo esto de qué sirve? Seré todo lo ñoño que quieran, pero para eso es de las pocas cosas que no existe edad. No es mejor quien antes la pierde, ni tampoco quien más tarda. No es más chulo quien más lo hace, ni más pringado quien no moja. Igual no se está preparado, o sí se está pero se quiere esperar, o simplemente no se encuentra a la persona adecuada para llevarlo a cabo. ¿Por eso alguien es peor? Piensen antes de hablar tanto.

Si alguno se preocupa por eso, está bien hacerlo, pero tampoco durante mucho tiempo. Solo es necesario fijarse en que si tantos libros hay de cómo hacerlo, si hay tantos burdeles en activo, y si tanto éxito da el porno es que tampoco la gente practica sexo con tanta frecuencia como aseguran. El sexo muchas veces está sobrevalorado. Sí, vale, es algo maravilloso, pero hay cosas más brillantes en tu vida. Yo les diría que no hicieran tanto caso. Dejen de preocuparse cuando empiezan los dichos de que la media de edad para perderla es de 14 años, o de que el promedio de tamaño del miembro es de 17 centímetros, o de que uno de cada tres se blanquea el ano. Ustedes que hablan tanto de la personalidad, dejen esos estereotipos y construyan los suyos. Porque su vida la marca su propio camino, no una media en internet. Disfruten los que tengan sexo y dejen disfrutar a los que no lo tienen. Y si por casualidades de la vida no hay manera de mojar, al menos piense que no necesita comprarse paraguas. 

domingo, 21 de agosto de 2016

CAPÍTULO 43: Los juegos de Río... y sufro

Capítulo 43


Los juegos de Río... y sufro

“En los juegos olímpicos, para ganar, no es necesario llegar primero”

Mireia Belmonte gana el oro en
los J.J.O.O Río 2016
Cada cuatro años hay uno que es bisiesto. Y créanme, no lo digo solo yo, así que debe de ser verdad. Cada cuatro años hay uno que trae consigo un día más, por si no nos parecen suficientes 365. Todos relacionan el año bisiesto con el 29 de febrero, pero yo para variar, no. Lo relaciono con un acontecimiento que también se produce cada cuatro, pero que no dura un día: Los Juegos Olímpicos.

En lo que llevo de existencia, he tenido la fortuna de encontrarme ya con cinco juegos olímpicos (o ellos conmigo): los de Sydney 2000, cuando aún no tenía uso de conocimiento; los de Atenas 2004, cuanto tenía uso, pero poco; China 2008, empecé a conocer lo que era el medallero; y Londres 2012, cuando empecé a conocer la mecánica de los juegos. Pero este año todo fue diferente. Por fin descubrí lo que era en realidad DISFRUTAR de la olimpiada.

No nos engañemos. Los amantes del deporte, a pocas fechas de comenzar los juegos decimos… “voy a ver cuándo es la final de básket, de tenis y, en todo caso, de los 100 metros lisos si no me pilla muy tarde”. Eso pensamos, ingenuos de nosotros. Todo es hasta que uno se pone, como todo. Hay dos formas de ver los juegos: 
Una consiste en disfrutarlos: ver las pruebas que te gustan y gozar viendo la calidad de los olímpicos que las practican, que es enorme. Disfrutar viendo la gimnasia rítmica, admirar a las chicas de la sincronizada, o quedarse boquiabierto con los que saltan desde el trampolín. Sea quien sea el país, lo importante es pasarlo bien.
La otra forma, es la de sufrir: la mía y la de muchos ya que, como suelo insistir, el hombre es masoca por naturaleza. Consiste en ver en qué compiten cada día los de tu país (en este caso, los españoles) y programarte el día para que te pille en casa. Ya puede uno no tener una simple idea del deporte que es, ni mucho menos conocer quién es el que lo practica. Da igual la prueba y la modalidad. Lo importante es si hay españoles (que hay muchos españoles) y animarlos, y si consiguen una medalla se celebra, aunque al día siguiente lo borres de tu retina.

“Hoy tenemos vela a las 14.00, natación a las 18.00, Gasol y los suyos juegan a las 19.15, y un español de origen puertorriqueño lanza la jabalina cuando deje de llover y sequen la pista”. Eso resume ser fan de las olimpiadas. ¡Qué más da que haga piruetas o juegue a la petanca! Para un buen español que le guste el deporte en profundidad, en estos doce días que duran los juegos, todo es igual de importante.

Este martes, las chicas de baloncesto jugaban su partido de cuartos de final. Si ganaban, pasaban a ‘semis’ y, en consecuencia, a luchar por las medallas. Faltaba un cuarto y en ese momento llegaba a casa de mi hermano. Perdíamos de ocho, encendí la tele para ver (sufrir) el final. Nada más encenderlo mi hermano me dice: “¿El baloncesto femenino? Vaya bobada. Seguro que mañana sale en la tele que eres el único que lo está viendo”. Poco más de 10 minutos más tarde, metíamos una canasta en el último segundo que nos daba el pase. Él (mi hermano), mi padre, mi sobrino de 6 años y yo nos fundíamos en un abrazo celebrándolo como si fuera la final de la Champions. Eso son las olimpiadas, y eso a mí me emociona. El sentimiento de conmoción que nos invade cuando un español gana una medalla es indescriptible.

Pero estos juegos en concreto nos han enseñado multitud de cosas: la selección de basket nos han enseñado a que por mucho que se empiece mal, siempre hay tiempo para remontarlo y casi llegar a la final. Marcus Waltz, pese a llegar a RIO pensando ya casi en los siguientes juegos, nos ha demostrado que todo es posible tras el oro que obtuvo. Hamblin y D´Agostino, al levantarse mutuamente en su carrera de atletismo,  hicieron ver al mundo lo que es el espíritu olímpico: lo importante es participar, las personas antes que las medallas.

Y Nadal… ¡qué decir de Rafa Nadal! Hace poco alguien me dijo: “deberías escribir algo de Nadal porque yo no soy capaz de decir con palabras lo que es este tío”. Y la pregunta es… ¿y quién sí? Posiblemente ni el mismo. Pero haré un humilde intento. Nunca he conocido un deportista con la fe, la garra y la valentía de este hombre. Y al mismo tiempo, tampoco había sufrido nunca tanto con un jugador. Como dice Mecano, los ‘españolitos’ hacemos por una vez algo a la vez, que es comernos las uvas. Lo segundo, que no lo incluyó, tal vez porque no cabía la letra, o bien porque el argumento de la misma no venía mucho a cuento, es SUFRIR por el mejor deportista español de todos los tiempos. Alguien capaz de perder tres juegos seguidos y después ganar cuatro, capaz de estar meses sin competir, y ganar un oro olímpico, capaz de animar al más pesimista y avivar los pensamientos del más positivo. A Nadal le puedes decir cosas buenas y malas, pero si me permiten un consejo, nunca le den por muerto. Yo a veces lo hago, y me arrepiento. Si se sientan en su sofá a ver a Nadal, estén preparados para sufrir y disfrutar, que es algo imposible de no hacer con él.

Hoy decimos adiós a los Juegos Olímpicos de Río, que han repartido alegrías y tristezas a raudales, sobre todo nosotros. Viviendo oros inesperados como el de Maialen en aguas bravas, o una medalla en baloncesto a femenino, o en halterofilia, pero también sintiéndonos tristes por los múltiples diplomas olímpicos que rozaron el podio. Llorando por Nadal, por la vela, por quedarnos a 21 milésimas en una carrera de piraguas. Eso es lo bonito. Porque solo ganar no te enseña a saber perder, y solo perder no te enseña a saber ganar. Así es el deporte, y ambas cosas son imprescindibles para competir. Para jugar como Murray, para correr como Bolt, para hacer gimnasia como Simone Biles o para gritar como Marín hace falta competir, y no precisamente poco. Nos acostumbramos a que no llegar al bronce simboliza un fracaso, y no vemos lo que hay detrás, que son muchas victorias, y sobre todo, muchas derrotas que muestran el camino.

Esta semana próxima se hará rara, no sabremos ni qué ver en la tele. Ahora todo vuelve a ser fútbol, fútbol y más fútbol. Toca esperar otros cuatro años, toca volverse a olvidar de lo que es la gimnasia artística, de quién es Saúl Craviotto, volver a ver el fútbol y retomar el pensamiento de que el único martillo que existe es el que tenemos en la caja de herramientas. Hasta entonces a esperar a que venga otro bisiesto y nos traiga, además de esa jornada extra ‘febreril’, dos semanas de un sueño olímpico al que hoy damos al ‘off’.

miércoles, 17 de agosto de 2016

CAPÍTULO 42: El "ugly selfie"

Capítulo 42


El "ugly selfie"

“Siempre pensé que las buenas fotos son como las buenas bromas, si se tienen que explicar es que no eran tan buenas” Anónimo.

Un selfie arriesgado
¡Cuántos de nosotros hemos tenido siempre el mismo problema! “¡Qué mal salgo en las fotos!”. Era acercarse a una cámara y muy arreglado se tenía que estar para no apartarse de la foto. Esos tópicos de: “¡Cómo voy a salir con estas pintas! Todo eso, como muchas otras cosas, ya es pasado. Parece que empieza una nueva era en la que una buena foto no equivale a salir bien y salir bien no significa una buena foto. Si usted tiene ese problema, y no sabe qué debe hacer para hacerse una “foto moderna 2016”, para quedar bien en una foto en estos tiempos que corren, les presento en rigurosa EXCLUSIVA, el manual de fotos de El Tuitero Resentido, o más conocido como el “ugly selfie”:

PASO 1: El entorno:
No vale cualquier escenario. Para empezar se debe escoger un lugar que llame la atención al ‘instagramer’ o ‘snapchater’ (que básicamente es donde ahora suelen subir las fotos). Un sitio que atraiga. Por ejemplo, el espejo del cuarto de baño. Dígame un lugar que derroche más glamour que un espejo en el que detrás de ti pueda salir el vidé, o la taza del váter con el papel higiénico encima. Y si no, también nos queda el espejo del ascensor. Sitios elegantes, nada de chorradas. Nada de hacerse fotos con el mar de fondo cuando puedes hacerla en tu glorioso cuarto de baño. Eso sería de románticos.

PASO 2: La pose:
Hay muchos tipos, pero hay un requisito fundamental para todos: NO SONREÍR: Esa es la clave de todo. El temor de no salir en las fotos provenía de que no les gustaba como sonreían. Hasta que alguien inventó este selfie en el que la gracia está en salir mal. Desde ese momento nadie tiene inconveniente en hacerse la foto. Y a partir de ahí usted tiene varias opciones: sacar la lengua (algo muy erótico, poniendo cara de asco para ser posible) o poner morritos (que no sé si es erótico o no, pero parece tener éxito). Pero sonreír no, eso ya si acaso en las bodas. La expresión de lástima es lo que da más salida para gustar, aunque no tenga explicación. Otras tácticas modernas se pueden resumir en mirar a la pantalla del móvil en vez de al espejo, que es donde se tendría que mirar para salir de frente en la cámara. Y no puede faltar enseñar sus objetos de mayor valor: ya puedes estar en el baño o en una pocilga, que ahí te vas a fotografiar con tu reloj Viceroy, tu polo Lacoste o tu gorra Rock Star. Para los más atrevidos, tampoco les falla el levantamiento de camiseta enseñando la chocolatina (apretando tanto que igual sí que tendrían que usar de verdad el retrete), o las del escote tamaño folio. Cada uno con sus armas.

Uno se pone a pensar y a echar la vista atrás y ve que las cosas han cambiado, y en mi opinión a mal, si no sería ‘El Tuitero Agradecido’. Y es que, como todo, esto también es una moda. Entras en Instagram y un porcentaje altísimo tienen fotos de este tipo (igual no con todos los pasos, pero sí la mayoría). Según explica Jessica Rojas, psicóloga, “hacerse una copia de la autoimagen de otros lleva a verse diferentes” ¿Contradicción? No lo creo. “El seguir estas modas es por baja autoestima y por necesidad de aceptación de los demás”, añade.

Taparse la boca, mirar al suelo, morderse el labio… se han convertido en tendencia y todo el mundo lo quiere hacer. Aunque en el top de los top está la foto del perrito. Su atractivo y su ‘flow’ debe estar por las nubes porque ya todo el mundo se ha hecho alguna, debe ser que te viene de regalo con el Pokémon Go. Creo que Unamuno o Pío Baroja también tienen alguna en sus memorias.

Que conste que no estoy en contra de estas fotos, cada uno es libre, solo digo que me gustaría más asomarme a mi abandonado Instagram y ver fotos más ocurrentes. Por suerte aún hay gente con buen gusto. Personas que se compran una cámara y van a los sitios más originales a sacarse instantáneas. Parques, jardines, playas… Sí, vale. Hay alguno que se hace 300 fotos en un día y las sube, pero ese es otro tema. Pero siempre preferiré esas 300, que uno que la cuelga fumándose un cigarro con doce años para que la vean sus seguidores y le den “mg” (que se lo dan). ¿De qué sirve salir en todas nuestras fotos con cara de perro? Una sí, dos bueno… pero ¿todas? Igual no es tan fea nuestra sonrisa. A lo mejor enseñar la tableta una y otra vez nos dará seguidores, seguramente muchos quien tenga la suerte de lucirla, o abrir el escote abrirá la puerta a múltiples halagos. Pero cuando pasen los años… ¿no preferiremos ver esa foto con los amigos en la que sonreíamos por lo bien que lo pasábamos? 

Para alegrarles la noche: les dejo unos cuantos selfies. Que la vida son dos días, y hay que reír, no solo en las fotos: 




domingo, 14 de agosto de 2016

CAPÍTULO 41: Éramos pocos y parió Pikachu

Capítulo 41


Éramos pocos y parió Pikachu


“A quien madruga Dios lo ayuda, o en este caso consigue un Pokémon” (Profesor Oak)


Alguien juega al Pokemon GO
Hoy nos vamos de safari, así que abróchense los cinturones y agárrense a la silla no vaya a ser que seres extraños se les aparezcan por el camino. Si no era suficiente el LOL, si aún no bastaba con los videojuegos de frikis que tanto criticábamos por ser muy “de frikis”, llegó el padre de todos ellos. Por fin escribo sobre un tema que sé que todos conocen. El fenómeno POKÉMON GO.

Después de leer cuidadosamente la entrevista que realizaron a la revista Forbes acerca del fabuloso invento, encontré que lo calificaron como “un videojuego terrible, pero divertido”. Frase curiosa y retorcida que intentaremos descifrar:

El funcionamiento no parece complejo. La verdad, no es que haya que hacer una buena tesis para saber manejarlo. Consiste en cazar Pokémons por la calle para intentar conseguirlos todos. Traducido a nuestro lenguaje: jugar a cazar Pokémons para así estar entretenidos hasta que me canse, o bien deje de estar de moda, y lo desinstale. Pero yo, en mi deber de investigar sobre ello, fui un día a “cazar” y efectivamente, vi que no era tan difícil.

Algo tan simple como golpear repetidamente una pantalla para alcanzar tu objetivo. El juego más popular del mundo se resume prácticamente en eso. Para que luego digan que la felicidad cuesta conseguirla. Pero así es. Además, no es necesario batallar con otras personas hasta dejarles sin dientes (de momento). No. Es un juego muy pacífico.

Pero el clímax llega cuando cazas tu ‘Pokémon’. Esos saltos que pega uno durante 3 segundos celebrando esa suntuosa proeza no es comparable con nada. Después ya se vuelve a la realidad, se guarda el Pokémon en la ‘Pokédex’ y a seguir. Luego tienes la opción de llevarlo al gimnasio para “mejorarlo y evolucionarlo”. Ahora ya nadie en el mundo puede decir que no va al ‘gym’, aunque solo sea para llevar a sus mascotas. Eso sí, para entrar en ellos hace falta llegar al nivel 5, no sea que los llenemos y empiece a oler a chotoY cuando finalmente tengamos un gran número de PK con PC (no es ordenador, sino Poder de Combate) ya podemos entrar, fijándonos bien en si es el color de nuestro equipo.

Y así se pasan los días, las noches, las madrugadas… buscando bichos. Siempre he comentado que hay dos cosas que hacen personas de todas las edades: una es ver la tele, otra es pasear por la playa. Bien, pues ya hay una tercera. El inicio de una nueva era triunfal que viene de la mano de Pikachu y compañía. Salgo a la calle y me encuentro gente de mi edad, grupos de chicos pequeños, adolescentes, personas de mediana edad, incluso adultos o familias enteras con un objetivo común: encontrar Pokémons.

La de cosas positivas que ha provocado. A parte de la diversión, que puede estar sometida a debate, no cabe duda de que se ha convertido en un gran antídoto contra la obesidad. Hay personas que han hecho más kilómetros en busca de ‘charmanders’ que para ir al colegio. Gracias al Pokémon Go a la gente le ha dado por conocer las calles de su ciudad y ha aumentado su capacidad de exploración del mundo. Y, qué narices, que ya muy pocas veces voy a salir a hacer ejercicio solo, aunque solo sea por interés.

Aunque para mí, la gran ventaja de esta práctica no es otra que su impacto social. Ver cómo chicos de 13 años dialogan con gente de 20 es hasta emocionante. Aunque sea sobre Pokémons, por algo se empieza. El mundo está hecho para relacionarse y gracias a esto la gente lo hace y, lo que es más importante, de forma pacífica, ya que no genera violencia. “Hay gente que ha salido a la calle por primera vez gracias al Pokémon”, asegura la revista.

Pero como en todo artículo del resentido, nunca falta hacer ver las cosas malas QUE USTEDES NO QUIEREN VER. Todo es bueno, hasta que se hace un mal uso de ello. El ansia es un claro factor. Siempre es divertido ver cómo en el Retiro aparece un Pokémon raro y todos corren tras él, pero… ¿no les parece llegar a un límite bastante absurdo? Tampoco es agradable ver cómo una persona cae a un barranco por un SIMPLE JUEGO, o cómo un autobusero pone la vida de los demás en peligro jugando a un SIMPLE JUEGO, o como algún país tiene que prohibirlo con invasiones. Es un juego. Sí, crea adicción, pero lo que no puede crear es vergüenza.

Como saben, el adicto no puede posponer el deseo, ni la concreción del mismo. ¿Lo entienden? Puede que no, pero viene a decir que cuanto uno más usa algo, más difícil es quitárselo, y cuando eso ocurre, luego uno no puede vivir sin ello.

Así que si ya tiene Pokémon Go, y es fanático, que sepa que estoy de su lado, aunque no juegue. Se lo reconozco, hemos llegado a un punto en el que cualquier cosa es útil para olvidarse de muchas cosas, en el que igual salir a buscar Pokémons es más sencillo que encontrar grandes personas. Un planeta tierra donde la realidad virtual a veces da más alegrías que el mundo real. No lo dudo, pero no se olvide. Es un juego. Y, aunque sea más difícil, y en ocasiones injusto, algún día todo esto le aburrirá y tendrá que regresar a la vida real, donde hay personas, donde existen problemas, donde los gimnasios son para hacer ejercicio y donde los safaris son de leones.

Así que Pokemitas, disfruten mientras puedan. 

domingo, 7 de agosto de 2016

CAPÍTULO 40: Tan parecidos, tan distintos

Capítulo 40


Tan parecidos, tan distintos

“El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” (Proverbio turco)


A pesar de todo, parecen amigos
Para algunos, la amistad significa respeto, comprensión, empatía. Para otros, quiere decir ayuda, fiabilidad y compromiso. Un amigo es una persona que, sin ser de quien está contigo celebrando tus triunfos, pero también está cuando lloras tus fracasos. Te hace ver lo que está bien y lo que está mal. Se ríe con tus gracias y te advierte de tus errores.
Los amigos son esa panda que a veces desconocemos. Ese grupo de gente de la que creemos saberlo todo, pero que al final siempre nos sorprenden Sí, los amigos, que cada uno es un mundo, y que son tan distintos, pero a la vez imprescindibles:
      
-        -   Para empezar, tenemos al amigo organizador: ese pobre hombre que se pasa el día intentando hacer un plan y buscando por todos los medios que le hagan caso para ponerse todos de acuerdo en algo. Ese hombre (o mujer) que, aunque ve cómo educadamente nadie se lo hace, continúa en su intento hasta decir aquella famosa frase de… “bueno, el que quiera ir que lo diga”, mostrando su cansancio.

-        -   En segundo lugar, el amigo ‘ameba’: lo contrario al organizador. Este personaje no come, pero también puede no dejar comer. Es decir, hay algunos que nunca dan su opinión y dejan en manos de los demás los planes. Pero en este caso, ni eso. Seguro que alguna vez les ha ocurrido: Vamos a ir al cine, y nuestro amigo ameba opina que “le da igual qué película ver”. El organizador, en vista de que nadie se anima a proponer ninguna, plantea una. En ese momento, nuestro amigo ameba muestra su queja: “No, esa no me gusta”. Y así continúa hasta que el pobre organizador se cansa de proponer y se enfada, y el ameba se exculpa diciendo su idea principal: “No, si a mí me daba igual”.

-          - Seguidamente, nos encontramos al ocupado: el nombre ya lo explica. Ese que por mucho que se intente localizar siempre tiene algún plan organizado. El de la agenda llena. “No hoy no, que he quedado” “… es que me voy al pueblo” “… es que tengo cita para blanquearme el ano”. Aunque, para ser sinceros, a mí me encantaría ser él (no por blanquearme ano, que también) sino porque hay una maldita costumbre en esto de la amistad, y es que a veces se premia a los que menos caso te hacen. Es el caso de ese amigo que casi siempre está con otras personas, y cuando da la casualidad de que se juntan los astros y ese día puede quedar con nosotros (en la mayoría de los casos porque los otros amigos suyos no pueden), todos le reciben como un héroe y con unas ganas infinitas (cuando lleva pasando de nosotros todo el tiempo).

-     - En cuarto lugar, el popular (que tendrá un artículo para él solo): un puesto cada vez más cotizado. Esos que van por la calle y dos de cada tres le saludan, o el que queda con amigos para hablar por el móvil con los que no están (que son muchos). Los demás del grupo siempre saltan… “¡qué popular eres!" Pero los populares, con su humildad habitual, siempre contestan lo mismo: “Nah, no lo soy. Pero conozco a todos los de su grupo, ¿eh?” (por si no lo sabíamos)

-          - Para ir terminando, tenemos al vago / bloqueador: es decir, ese que repugna todos los planes y que por su culpa no se hacen. Para que ustedes me entiendan, ese ‘capullito’ que siendo cuatro personas dice no querer jugar al mus, para que se jodan los otros tres. O cuando se necesitan cuatro personas para que nos salga más barato el taxi, y decide subir andando. Un Pedro Sánchez de la vida.

-          Pero nunca faltan los generosos: esos que cuando se va a hacer algo todos y alguien no está, siempre salta: “Mejor lo hacemos un día que esté él”. O los que hacen los equipos cuando hay que jugar al fútbol, los que hacen las cuentas cuando hay que pagar algo, o los que dejan el asiento de adelante del coche para que otro vaya más cómodo. En fin, esos que siempre están y que ojalá nunca desaparezcan.

-          En último lugar, me quería quedar con tres especies. Las más interesantes:

a.    El graciosete: “¿Te sabes el chiste del hombre y las dos vallas? “Vaya hombre, vaya”. Sí, ese que si no cuenta su chiste, revienta. Pero no solo eso, él es el primero que se ríe (y muy frecuentemente el único). Aprovecha cualquier situación para hacer una broma al respecto, aunque no le escuche nadie, y que normalmente en Whatsapp se ríen en mayúsculas JAJAJA. Unos auténticos genios.
b.     El parlante: El amigo ‘cuentahistorias’. Ese que aprovecha para cogerte por banda y contarte una de esas historias que se tiene guardadas, posiblemente desde hace meses. Ya puede ser poco interesante que hasta que él no acabe no te vas a levantar (yo un día intenté escabullirme yendo al baño, pero el tío siguió hablándome desde fuera. Por suerte no entró, aunque si lo llega a hacer igual se calla)
c.       Los ‘fantasmikos’: Se podría decir que son como los parlantes, con la diferencia de que esas historias se convierten en fábulas. Vamos que se las inventan. A veces tienen tan poca astucia, ya que cuentan una versión distinta a cada personas, y se les caza fácilmente.

En resumen, una e las mejores sensaciones es la de tener una panda de amigos tan parecidos, pero a la vez tan diferentes. ¡Qué aburrido sería juntarse con diez personas iguales, pensar lo mismo de todo, hacer lo mismo…! Todo tiene cosas buenas y malas. Cada amigo tiene sus virtudes y defectos. Quién no. Hay de todo en la viña del señor, y… para gustos los colores. Pero los amigos son los amigos, y por muy distintos que sean, como dice Amaral, “por encima de todas las cosas”


martes, 2 de agosto de 2016

CAPÍTULO 39: La moda de hacer lo que nos da la gana

Capítulo 39

'La moda de hacer lo que nos da la gana'

"Nada tan peligroso como ser demasiado moderno. Corre uno el riesgo de quedarse súbitamente anticuado" (Oscar Wilde)



La riñonera
Toca seguir con las modas. Tan frondoso es el tema que da para dos artículos. He intentado recopilar las que me parecen más interesantes a día de hoy. En el anterior capítulo fue turno de los chicos. Pero ustedes, mujeres, también tienen lo suyo.

En la noche de ayer, tras leer las noticias, escuché atentamente una información que, como muchas otras, me dejó anonadado: 

Muchas jóvenes tienen como objetivo tener la misma pose que las grandes modelos, y todos los veranos es el momento de lucirlo. Y hay que buscar fórmulas para conseguirlo. Quedarse casi sin rodillas, piernas finas. La nueva moda de este periodo estival se denomina “Ab crack”, y tiene como fin crearse una línea vertical en el abdomen que hace ver al público esa extrema delgadez. Para conseguirlo, es necesario un intenso ejercicio físico y mucha fuerza de voluntad. Aunque esta moda, desgraciadamente, no es ni mucho menos saludable.

Y es que afán por estar delgado no trae más que problemas. A la vista está que estar gordo no es bueno, pero el problema viene cuando engordamos dos kilos y empezamos con la paranoia de “¡ay que gorda estoy!” Empiezan las dietas (que por suerte alguna se cansa de hacer a los dos días). Esas dietas milagrosas que el único ‘milagro’ que producen es el de que no acabemos peor que cuando la iniciamos. Basadas en comer menos (o nada) y que tan solo te hacen estar peor.

Tampoco está de más hoy hablar de los zapatos. ¡Qué maravilla ver esos zapatos con luces de colores brillando en la oscuridad de la noche! Ya, ya lo sé. Me dirán… si no te gusta, no los mires. Pero… ¡como para no fijarse! La verdad es que es una buena idea para estas fiestas. Así, por si alguna se coge un pedo del copón, sus amigas la encontrarían fácilmentePero vayamos a las modas, pero ya sin discriminar sexo: 

Qué me dicen de la cuerda de las gafas. Otra cosa que ha cambiado. Antes si alguien lo llevaba, se le tachaba de empollón y de listillo. Sin embargo, si ahora quiere ser ‘trendy’, no le queda más remedio que llevar unos coloridos cordones colgando de sus gafas. Y si no tiene gafas, se las compras. Ya llevar los cordones solos, no sé si estará muy bien visto. ¿Utilidad o posutreo?

Las riñoneras. Otra maravilla. Nos remontamos a los años 90. Quién nos iba a decir que dos décadas después nos encontraríamos de nuevo con ello. Pero como todo en la vida, vuelve. Miedo ya tengo de que puedan regresas pronto también los leggins y las hombreras. Yo voy avisando. Hoy un hombre con riñonera es más macho que Mario Casas en su moto. Se puede ver de varias maneras. Se puede encontrar como algo útil donde uno guarda sus accesorios más preciados, o como un especie de 'apéndice con cremallera' que nos ha crecido. Aunque, pensándolo bien, si alguna vez hemos estudiado anatomía, ¿acertamos al denominarla así? ¿O en algún caso deberíamos llamarla ‘pulmonera’? El riñón está más abajo, ¿no?

Como digo, cada uno usa lo que quiere y  su antojo. Pero no den la ficticia impresión de que es imprescindible en su vida, porque hasta entonces ‘sobrevivían’ sin ella.

Por acabar ya con el físico, cómo no nombrar el fenómeno de mayor expectación del momento. El origen coincide con el de sacar la lengua en las fotos, símbolo inequívoco de erotismo. Sí, fue Miley Cyrus, y hablo del ‘twerking’. Se define así:

“Mover la cadera de forma provocativa de acuerdo con la música urbana, hip hop y otros”

Ahora va la mía:

“Forma más intensa y descocada de poner cachondo a personal, generalmente por las redes sociales”

Por supuesto, ¡qué hombre va a criticar esta moda!. Yo tampoco, pero les dejo un aviso. Esto dijo Caitlin Heller (cantante): “Intenté hacer un vídeo para mi novio bailando el sexy twerk, pero las cosas se pusieron muy calientes”. Pero bueno, allá cada uno/a.

Dejando el físico a un lado, hablemos de otras modas graciosas. La típica de subir una foto con una copa (de alcohol, claro, sino no vale) o la de subirla a las cuatro de la mañana enseñando la hora que es, para ver lo guays que somos. Aunque es difícil superar las de este año, como la de ser fan incondicional del Leicester, o ser islandés en la Eurocopa. No se preocupen, en septiembre nadie conocerá a Drinkwater, ni ninguno sabrá donde está Islandia.

Y para rematar, un último apunte. Sé que están un poco cabreados, no debería ser tan duro con las modas. Pero quiero que se rían un poco. Ojo al dato. La moda del año consiste en… ¡BLANQUEARSE EL ANO! (Inténtenlo en sus casas). Yo al principio pensé que era una coña. Que alguno se lo había pintado de tipp-ex y le había gustado. Pues no. Va en serio. HAY TRATAMIENTO. Ya no basta con tener piernas bonitas y sin pelos, ni con tener un buen cutis. Ahora es necesario tener el ano bonito.

Pero no se engañen. Lo importante es sentirse bien con uno mismo. Si te gustan las riñoneras, que nadie te quite de comprarte una. Si te gustan las cuerdas de las gafas, póntelas. Si quieres blanquearte el ano hazlo, pero eso sí, no te olvides darte crema, no sea que se te vaya a quemar. 

lunes, 1 de agosto de 2016

CAPÍTULO 38: Ellos siguen modas

Capítulo 38

Ellos siguen modas


“Nos reímos de la moda de ayer, pero nos emocionamos con la de antes de ayer, cuando está en vías de convertirse en la de mañana” (Marlene Dietrich)


El pelo de Pogba, un tanto raro
Llegó el momento que más estaba (y estaban) esperando. El día en el que se les va a ver el plumero. Se acabó el quedar bien conmigo diciendo “me gusta tu artículo” “¡qué razón tienes!”. Hoy mis visitas empezarán a descender y muchos me cogerán manía por hablar de cosas en las que ellos están involucrados, y por primera vez me criticarán a mí. Y eso es lo que más me gusta.

Nos rodeamos de gente que sigue modas. Sí. Por mucho que Juan Magán nos intentara convencer de que “ella no las sigue”, lo cierto es que lo normal es hacerlo. Según los expertos diseñadores, una moda dura una media de seis meses, lo que nos quiere hacer ver que hay que tener cuidado con no cogerla tarde y nos quedemos anticuados. Hablaremos de moda aunque, cómo no, siempre dentro de ella se encontrará el famoso postureo.

Como ya comprobamos el año pasado en “cómo ha cambiado el cuerpo”, nuestro físico, nuestros complementos… evolucionan de manera continuada. Tanto que en apenas un año hay que hacer otro artículo con cosas totalmente nuevas. Pero, llegados a este punto, planteo una pregunta. ¿Nos vestimos de una forma u otra por gusto, o porque lo hacen los demás? ¿Nos compramos algo porque nos apetece o porque se lo hemos visto a alguien famoso?

El cambio está bien, pero siempre me gusta dar mi toque personal a algunos que me parecen destacables e interesantes. Uno especialmente me sobresalta. Va dirigido a los hombres. Sí, hoy les toca a ustedes (y a mí). Esa afición que a muchos les ha entrado en los últimos años por parecerse físicamente a las mujeres. No sé si es porque da ‘más rollo’, más ‘swag’ o porque se aburren de ser hombres, pero si aún esto les parece un disparate, presten atención:

Empezamos por el pelo. Sé que ahora a la mayoría de los chicos nos da por los degradados. Nos rapamos el pelo lo más posible, llegando al 0,5 o al 0,2, en homenaje a nuestras mejores notas de clase. Pero, en los últimos meses, visto que se puede quedar ya en la cuneta, hemos vuelto a la Prehistoria y nos lo hemos vuelto a dejar largo. Y claro, la melena ya es cosa del siglo pasado, así que toca recogerse el pelo en forma de moño, kiki o lo que se diga. Primer acercamiento al sexo femenino. No me imagino las collejas que me habría llevado yo si me recojo así el pelo hace un tiempo.

Siguiendo en el rostro, otro punto a destacar son las cejas. Está de moda hacerse una especie de ‘brecha’ en la ceja. A mi gusto, la moda más estrambótica desde ver cómo los chicos de ahora se entretienen lanzando una botella para ver si cae de pie al suelo (debe ser que si eso ocurre, sale un nuevo Pokemon).

Pero no solo el pelo de la cabeza. Bueno, mejor dicho, ya ese es el único que existe. Cualquier pelo del resto del cuerpo ya no es bienvenido. Segunda similitud. Pelo, caca. Ahora nada de pelos ni en las piernas, ni en el cuerpo, ni en los pies… nada.

Nos adentramos en la vestimenta. Las camisetas. No hace falta ser un lince para darse cuenta. Lo que antes era todo apretado, todo ajustado, todo ‘fit’, ahora se ha convertido en todo largo, todo espaciado, todo ‘extensive’. Camisetas largas, lo más posible, y a veces complementadas con una de esas chaquetas de la misma longitud o más, con esa cremallera al lateral que aún no sé muy bien para qué sirve. Así se presentan las modas. Una simple camiseta blanca, sin dibujos, lisa, que te sobra por todos los lados es lo que ahora se lleva. Y es que a veces lo más sencillo es lo más recurrido.

Por suerte, para cubrirnos nuestras partes más íntimas, aún está vigente llevar ropa interior. Los pantalones… ya tal. En vista de que no era suficiente tener algo descosido en la pernera, de que remangárselos para enseñar el tobillo (vaya a saber usted para qué) no era bastante, hemos decidido cortar por lo sano. Rodillas al descubierto. Prefiero no pensar dónde será el próximo agujero en el pantalón.

Lo que me llama la atención, es que estas modas muchas veces se quedan a medias. Por ejemplo, ¿por qué ahora nos da por llevar camisetas largas y espaciadas, pero los pantalones siguen siendo tan apretados? Pues nunca se sabe, como diría Mariano. Aun así, hay cosas que creo que sí deberían replantearse. Ver cómo los chicos nos arreglamos hasta abrocharnos el último cuello de la camisa cuando salimos a dar una simple vuelta, pero luego nos ponemos el chándal más grimoso cuando salimos con nuestra novia,  no me parece lo más sensato. Aunque también es verdad, la culpa no siempre la tiene quien lo lleva, sino quien se lo permite. A ver si las que van a tener mal gusto son ellas…

No piensen mal. Hoy no vine aquí para criticar modas. Esto no es una bronca, porque nadie hace daño a nadie al hacer esto. Yo también tengo mis modas y manías. Pero sé que a la gente le cuesta manifestar algo cuando no le gusta, y eso hago. Solo espero que si alguno de ustedes sigue una de estas modas, se eche unas risas al leer esto. Que se ría de sí mismo, que se ría sin más, o incluso de mí por decir tantas paridas juntas. Porque hacer o tener todo esto no está mal. Al fin y al cabo, a cada uno le gustan unas modas y seguirlas porque un amigo tuyo o un famoso lo haga, no es condenable, aunque yo no lo apruebe. Sea lo que sea, tampoco está de más reírse de uno mismo, ¿no?.