Capítulo 51
Acompáñame a estar solo
"El secreto de una buena vejez no es otra que un pacto honrado con la soledad" (Gabriel García Márquez)

Ella mira el otro columpio, vacío,
iluminado por el Sol
Un buen día, el señor de la luz se topó de casualidad con la dama de la oscuridad y tras su fugaz encuentro surgió el amor.
Fruto de esa unión nació una doncella a la que llamaron Penumbra.
Como si de un hechizo mágico se tratara, se formaron sombras que fueron encargadas de acompañar a cada uno de los mortales a través de su corta existencia.
R. Soto (blogdiario.com)
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Recapacitar siempre sirve, siempre. Y muchas veces una
deliberación sobre cualquier tema vejatorio te acaba conduciendo al mismo
punto: a la triste y pesada pregunta de “¿Por qué estoy solo?”.
Y no precisamente en el terreno de la pareja, sino en el del amor
que, como vimos en [Dos amores: el luchado y el encontrado],
se puede presenciar de muchas maneras en esta sociedad, cada vez más ansiosa por
encontrarlo todo a la mayor brevedad posible y de la manera menos ortodoxa, por
el simple hecho de conseguir un objetivo que a la hora siguiente puede haberse
quedado obsoleto.
Y esa es la base de todo. Muchas veces nos sentimos solos,
por fuera, pero también por dentro, que es cuando aparece la cuestión de "¿qué
hago mal para estar así?", acompañada de otras muchas como la de "¿cómo es
posible que entre los miles de millones de personas que hay en el mundo no haya
una sola que me comprenda del todo?" o de "¿a qué santo tengo que rezar para que
el que me gusta no pase de mí los días pares, y si tiene el –mal– día, también
los impares?"
Desgraciadamente la solución no la puedo dar. De ser así,
este blog ya sería más famoso que los andares del Sr. Rajoy o que la pluma de
Boris Izaguirre. Pero sí podíamos ir descartando alguna ya sea por al menos por
su ínfimo porcentaje de éxito.
Alguno debería darse cuenta de que hacer el malote para
hacer cosas de buenos no sirve, o que llenar su teléfono de contactos solo es
apto para que en su móvil ya no haya espacio para más canciones y Pokémons. Eso
no evita la soledad, lo siento.
Alguna debería percatarse de que llevar la falda más corta
no le hace irresistible, ni siquiera cuando se acompaña de un conseguido
maquillaje. Porque por mucho que ponga empeño en conquistar, generalmente a los
más mayores, deleitándolos con obsequios un día al año –claveles incluso– de
poco sirve cuando en los 364 días restantes no les ha dirigido la palabra. Ni
con sus mejores galas, señoría. Eso no quita soledad, siento disgustarla.
Y, en general, todos deberíamos fijarnos en que ser otro no
vale, en que actuar como tu amigo por el simple hecho de que liga más que tú no
te hace mejor, ni más feliz, ni mucho menos te hace estar menos solo. Puede que esto que digo no
funcione, pero es posible que sí haya alguien, en el lugar que menos pienses y
en el momento en que peor te venga que esté deseando hacer el plan que tienes
en mente, ver tu película favorita o, en definitiva, pasar tiempo contigo. Que
hoy en día está muy caro.
No hay cosa que más deprima –al menos a mi parecer– que,
para lograr acercarse a más gente, te hagas pasar por quien no eres. Desde luego
yo no me dedicaré a poner frasecitas que me hagan ganar seguidores, ni me vestiré
de trapero, ni le enviaré la más bella de las flores a alguien con quien no he
sido capaz de intercambiar más de dos palabras. Cada vez que me venga la cabeza
esa maldita pregunta, no lo haré. No por ser ridículo, que también, sino porque
no tengo imaginación para eslóganes triunfalistas, la gorra no me queda bien ni
me entra en mi gran melón, y enviar una rosa al buzón de mi amada no ha sido ni
de lejos mi mayor hazaña. Créanme que así es.
Tampoco sabría qué hay que hacer para sortear la soledad. Ni
prácticamente nadie. De ser así, este artículo no existiría. Quizá es momento
de darse cuenta de que este mundo ya ha cambiado. Que por muchas personas que
haya en tu casa eso ya no significa estar acompañado, y que no salir de tu habitación ya no
equivale a soledad. Ese afán por lamentarse de todo aquello que debe ser y no
es, que pudo ser y no fue, conduce a soledad. Y eso que ya parece imposible
estar solo, con tanta red para pescar. Quién se puede sentir solo cuando existe
Twitter, Badoo, Canal Plus Liga o Saber y Ganar. Cómo es posible que, con los
medios que disfrutamos, se sienta el mínimo resquicio de abandono. O es que
quizá debiéramos de ver que la felicidad no la dan los likes, la popularidad no la otorgan los
seguidores o la autoestima no la suben los comentarios. O simplemente rendirse a la evidencia de que lo
único que nos acompañará toda la vida es nuestra sombra.
![]() |
| Ella mira el otro columpio, vacío, iluminado por el Sol |
Un buen día, el señor de la luz se topó de casualidad con la dama de la oscuridad y tras su fugaz encuentro surgió el amor.
Fruto de esa unión nació una doncella a la que llamaron Penumbra.
Como si de un hechizo mágico se tratara, se formaron sombras que fueron encargadas de acompañar a cada uno de los mortales a través de su corta existencia.
R. Soto (blogdiario.com)
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Recapacitar siempre sirve, siempre. Y muchas veces una
deliberación sobre cualquier tema vejatorio te acaba conduciendo al mismo
punto: a la triste y pesada pregunta de “¿Por qué estoy solo?”.
Y no precisamente en el terreno de la pareja, sino en el del amor
que, como vimos en [Dos amores: el luchado y el encontrado],
se puede presenciar de muchas maneras en esta sociedad, cada vez más ansiosa por
encontrarlo todo a la mayor brevedad posible y de la manera menos ortodoxa, por
el simple hecho de conseguir un objetivo que a la hora siguiente puede haberse
quedado obsoleto.
Y esa es la base de todo. Muchas veces nos sentimos solos,
por fuera, pero también por dentro, que es cuando aparece la cuestión de "¿qué
hago mal para estar así?", acompañada de otras muchas como la de "¿cómo es
posible que entre los miles de millones de personas que hay en el mundo no haya
una sola que me comprenda del todo?" o de "¿a qué santo tengo que rezar para que
el que me gusta no pase de mí los días pares, y si tiene el –mal– día, también
los impares?"
Desgraciadamente la solución no la puedo dar. De ser así,
este blog ya sería más famoso que los andares del Sr. Rajoy o que la pluma de
Boris Izaguirre. Pero sí podíamos ir descartando alguna ya sea por al menos por
su ínfimo porcentaje de éxito.
Alguno debería darse cuenta de que hacer el malote para
hacer cosas de buenos no sirve, o que llenar su teléfono de contactos solo es
apto para que en su móvil ya no haya espacio para más canciones y Pokémons. Eso
no evita la soledad, lo siento.
Alguna debería percatarse de que llevar la falda más corta
no le hace irresistible, ni siquiera cuando se acompaña de un conseguido
maquillaje. Porque por mucho que ponga empeño en conquistar, generalmente a los
más mayores, deleitándolos con obsequios un día al año –claveles incluso– de
poco sirve cuando en los 364 días restantes no les ha dirigido la palabra. Ni
con sus mejores galas, señoría. Eso no quita soledad, siento disgustarla.
Y, en general, todos deberíamos fijarnos en que ser otro no
vale, en que actuar como tu amigo por el simple hecho de que liga más que tú no
te hace mejor, ni más feliz, ni mucho menos te hace estar menos solo. Puede que esto que digo no
funcione, pero es posible que sí haya alguien, en el lugar que menos pienses y
en el momento en que peor te venga que esté deseando hacer el plan que tienes
en mente, ver tu película favorita o, en definitiva, pasar tiempo contigo. Que
hoy en día está muy caro.
No hay cosa que más deprima –al menos a mi parecer– que,
para lograr acercarse a más gente, te hagas pasar por quien no eres. Desde luego
yo no me dedicaré a poner frasecitas que me hagan ganar seguidores, ni me vestiré
de trapero, ni le enviaré la más bella de las flores a alguien con quien no he
sido capaz de intercambiar más de dos palabras. Cada vez que me venga la cabeza
esa maldita pregunta, no lo haré. No por ser ridículo, que también, sino porque
no tengo imaginación para eslóganes triunfalistas, la gorra no me queda bien ni
me entra en mi gran melón, y enviar una rosa al buzón de mi amada no ha sido ni
de lejos mi mayor hazaña. Créanme que así es.
Tampoco sabría qué hay que hacer para sortear la soledad. Ni
prácticamente nadie. De ser así, este artículo no existiría. Quizá es momento
de darse cuenta de que este mundo ya ha cambiado. Que por muchas personas que
haya en tu casa eso ya no significa estar acompañado, y que no salir de tu habitación ya no
equivale a soledad. Ese afán por lamentarse de todo aquello que debe ser y no
es, que pudo ser y no fue, conduce a soledad. Y eso que ya parece imposible
estar solo, con tanta red para pescar. Quién se puede sentir solo cuando existe
Twitter, Badoo, Canal Plus Liga o Saber y Ganar. Cómo es posible que, con los
medios que disfrutamos, se sienta el mínimo resquicio de abandono. O es que
quizá debiéramos de ver que la felicidad no la dan los likes, la popularidad no la otorgan los
seguidores o la autoestima no la suben los comentarios. O simplemente rendirse a la evidencia de que lo
único que nos acompañará toda la vida es nuestra sombra.




