domingo, 17 de julio de 2016

CAPÍTULO 34: La 'atracción' de las 'Vallafiestas'

Capítulo 34


La 'atracción' de las 'Vallafiestas'


“Lo mejor es salir de la vida como de la fiesta, ni sediento ni bebido” (Aristóteles)



El SuperDance
Atrás quedaban aquellos maravillosos tiempos de la infancia en los que ir a la feria se convertía en nuestra gran aspiración en las fiestas de la ciudad. Lejos están ya esos años cuando montarse en un carrusel era la mayor ‘atracción’ de un niño. Atrás pensaban ustedes que se iba a quedar El Tuitero Resentido, pero aquí está de vuelta.

Podría llegar a ser delito que en más de treinta artículos no haya hecho mención a la ciudad donde nací y vivo. Tampoco hay mucho que contar. No es que  Valladolid sea una de las ciudades donde la gente sueña con vivir en un futuro pero, aparte de la Semana Santa –que es única– tiene otra cosa inconfundible: sus fiestas. Y hay muchas formas de disfrutarlas.

Una de ellas es la feria, o era. ¡Qué bonito sonaba aquello de… “Papá, bájame a la feria”! Normalmente ese hecho singular tenía lugar una vez por semana… los domingos por la mañana para ser más precisos, que era cuando menos gente había (y más cosas cerradas). Pero eso es pasado. Los seres humanos somos ‘tocapelotas’ por naturaleza. Cuando no podíamos ir a la feria, ansiábamos por ir. Ahora que tenemos la opción, ya no tenemos tantas ganas. Es la ‘Ley del tocapelotas’.

¡Cuántas veces habré escuchado la frase de… “Eso de la feria es pa´ niños”. Y a veces lo veo hasta normal. Chicos de doce años que ya se montaban en el “Bowser”, resulta entendible que con 16-17 se aburran de subirse en lo mismo. Así que, al final, muchos toman como opción ir a la feria un día con la peña y lucir los petos indumentarios (y este año, las riñoneras), y a ver quién es el machote que da más fuerte al chisme de boxeo. Ya si alguien se monta en algo es otra cosa.

Porque aquí en Valladolid somos muy rutinarios. Tenemos los mismos carruseles, aunque cada año menos. El famoso Super Dance, donde siempre hay más cola que en toda la feria junta; Los Toros, donde el señor locutor lleva más años que Jordi Hurtado en Saber Y Ganar; o La Selva Encantada, que se oye en toda la ciudad. Hemos sufrido importantes bajas como la del Ala Delta, el Skater o el Revolution… que son como los que se cambian de acera, “si se van, no vuelven”.

Pero una vez llegados a la adolescencia, un nuevo plan sale a escena: MORERAS. Se trata de un parque en el que, durante la semana de fiestas, se acude a beber con los amigos, con los no amigos o con los amantes. Bajar un día igual se queda corto, dos está bien, tres ya te va cansando, cuatro ya no sabes dónde ir, y más de cuatro solo se sostiene si en la mitad de ellos o más has acabado perjudicado.

Me encanta Moreras. Lo de beber o no ya se explicó en otro artículo, pero muchas cosas son llamativas. Por ejemplo, el primer día está bien porque saludas a muchos que no has visto en todo el verano –o incluso en tu vida– y estás con ellos. Lo gracioso viene cuando al día siguiente vuelves a estar con los mismos y te saludas como si hubiera pasado otro verano entre medias. Luego también están los que mean en el rincón más inverosímil, o los que aprovechan la superlativa visibilidad del lugar y la ‘soberbia’ sobriedad de alguna para meter toda la mano que en ese verano no ha logrado meter. Aun así, hay gente que se lo pasa bien sin todo eso.

Siempre nos quedarán los conciertos tan aburridos (no todos) que el alcalde nos proporciona cada año. Entre ellos el de Máxima FM, fiel a su cita. He de reconocer que solo en una ocasión me quedé hasta su final. Más de una temporada me he tenido que escabullir porque exclusivamente era ruido o porque el calor humano que había en esa plaza era difícil de soportar. Incluso una vez me volví a Moreras, creo que ese año había bebido.

Y muchas más formas. Salir de cena, ir de casetas regionales, hacer de todo un poco… Siempre es mejor no ser monótono. No ir todos los días a lo mismo, y variar. No por mucho que vayas a moreras todos los días eres más enrollado, y no porque no lo hagas nunca, resultas lo contrario. La diversión con amigos es infinita, de la manera que sea. Las fiestas de Valladolid, por desgracia, solo duran diez días. 

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