Capítulo 47
Rueda, rueda...
"Una generación que no soporta el aburrimiento es una generación de escaso valor" (Goethe, novelista y poeta del Romanticismo [1749-1832])
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| La Rayuela, juego infantil |
Desde
que apareció aquella bola redonda con tres botones y una correa que servía de
llavero, más conocido como “tamagochi”, la sociedad comprendió que una nueva
forma de entretenimiento comenzaba a florecer. Rezagado quedaba ese pilla a
pilla, el escondite o el zapatito inglés que, estamos de acuerdo que eran
juegos “para un rato”, pero que tenían un atractivo que los diferenciaba: la
necesidad de al menos una persona más para poder practicarlo.
Pero
fue con la aparición de ese elemento redondo inteligente cuando se inició la
era de “la otra realidad”, la virtual. Ya no era necesario a alguien para
entretenerse, ni para pasar el rato. O mejor dicho, sí lo era, pero no tenía
por qué estar vivo.
Ocurrió
con las peonzas. Quién se acuerda ya de ellas. Aunque eso sí que era arte.
Había gente con verdaderos dotes malabaristas con ella, llegando incluso –los
más privilegiados– a concursos de la televisión a mostrarlos. Pero, ¿se
imaginan ganando un ‘Tu sí que vales’ a alguien con verdadera destreza con el spinner?
Todo
eso ya queda atrás, y con todo lo que tenemos ahora hasta nos podría dar
vergüenza recordar aquellos tiempos. Para nada. Más bien sería al revés. Si
alguien en esa época vislumbrara lo que en 2017 sería el juguete de moda, se
caería para atrás. No es redondo, pero sí rueda.
España
y el mundo han pasado de un año a esta parte de explorar las calles, las plazas, los mares y océanos si
es preciso para encontrar animales que no existen, de entrar en gimnasios donde
la gente no suda, sino donde luchan por Pokemons, a coger una rueda de tres
puntas que lo único que tiene de especial es que gira sin parar siempre y
cuando muevas los dedos en la dirección correcta y con la necesaria destreza.
El
famoso spinner se ha convertido en el
“Pokemon Go” de 2017. Y, como todo en la vida, tiene una función, para luego
darle otra o, directamente, convertirlo en una moda. Este maravilloso objeto no
es una excepción.
Su
primera función era la de “combatir la ansiedad y evitar el autismo”. Al menos
así lo hizo saber su inventor, que ni me he molestado en buscar quién es porque
bastante forrado estará ya. Que cada cual se moleste en buscar información de
este gran tipo.
Y lo
cierto es que me consta que hay una parte de la sociedad que sufre tanto
ansiedad como autismo, lo que no sabía es que era tanta. De una semana a otra
algún colegio pasó a tener todos sus pupilos con ansiedad, porque no había un
solo chico que no llevara el spinner
a clase.
Un
aparato indispensable, un descubrimiento prodigioso, un hecho que sin duda los
niños del futuro estudiarán en las escuelas. Un acontecimiento casi comparable
a encontrar una nueva pokeparada o a la noticia de la demolición de ‘la jaus’.
Dónde
quedan ya aquellos entretenimientos en clase cuando no había quien soportara a
ese profesor. Como pintar la silla al de delante, rozar el boli por la mesa para
ver si hacía ruido o, para el más valiente, arrugar un papel para lanzárselo al
empollón que estaba en la otra punta. Pues no. Resulta que no teníamos ni idea,
porque la verdadera diversión se hallaba en dar vueltas a un cacharro.
Un
juguete educativo, práctico, y que sin duda mejora la inteligencia. Todo el
mundo convendrá conmigo que los grandes pensadores como Newton, Platón, Steve
Jobs o Pedro Sánchez usan o usaban uno para desarrollar sus grandes propuestas,
sobre todo este último. ¿Qué habría sido de la Play Station si su inventor
hubiese descubierto previamente el spinner?
No tendríamos consolas, seguro.

Muy buen articulo, Tuitero. Sigue asi����
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