Capítulo 48
En el auto de Papá
"Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años" (Mark Twain; escritor y periodista estadounidense [1835-1910])
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| El hijo sostiene a su creador; el padre sujeta a su futuro |
Vivimos
rodeados de ‘influencers’. Nuestro youtuber favorito, el político del partido al cual voto, el periodista que me conquista con sus artículos. Es más probable
encontrarse al día un nuevo ‘influenciador’ antes que a una persona con la que
compartir la vida. Tranquilo, no es culpa suya, lo segundo cada vez está más
complicado. Pero este capítulo, como bien refleja el título viene a hablar de un
influencer en concreto, el más importante en nuestra vida.
Al igual que
dediqué un capítulo a las madres, ya hace bastante, no merecían menos nuestros
padres. No hay mayor halago que puede recibir un padre que un hijo diga que es
“el espejo donde mirarse”, “la persona en que se fija “día a día” y, sobre
todo, que se sincere y diga que de mayor quiere seguir sus pasos. Nadie puede
dudar de que él es el verdadero influencer en nuestra vida.
Aunque, como al
fin y al cabo todas las personas con las que te cruzas en la vida –siempre y
cuando realmente las quieras–, te dedican momentos malos, discusiones, incluso en ocasiones muy feas. Muchas
veces por mera cabezonería tuya. Porque fastidia darle la razón a tu padre,
aunque por dentro sabes que la tiene. Días en los que tendrías ganas de
mandarle a ese sitio que huele mal, simplemente porque no te ha dejado salir una
hora más de la propuesta por ti o porque tus amigos hacen una cosa y a tu
querido progenitor no le parece lo más normal “para chicos de tu edad”
Pero no podemos
negar que a la larga son unos buenazos. Si les pides dinero, te lo dan –sobre
todo si le amenazas con subirte en la primera moto que pase para volver a casa–
y si tu madre te pone un buen castigo, tu padre es capaz de levantarlo sin
previa consulta a la parienta. Y a veces ni siquiera piden algo a cambio. Todo
sea por una buena armonía, que volverá a truncarse cuando al día siguiente le
pidas el mismo favor. Así somos los hijos, cuando el padre hace algo bien, se le
da un beso, pero al día siguiente nadie se acuerda de ello, salvo que ese
“ello” sea algo malo: en ese caso, el hijo perdona, pero no olvida.
Eso sí, lo que
no puede ser un padre es un continuo bonachón, pusilánime. Y es algo muy recurrente ahora
y que, a mi gusto –que para eso es mi blog-, no beneficia en nada a los hijos.
Quizá el mayor indicativo a la hora de diferenciar el padre bueno del buen
padre:
El padre bueno
siempre dice que sí, el buen padre dice no cuando tiene que decirlo. El padre
bueno siempre es blando, el buen padre se endurece cuando debe hacerlo. El
padre bueno solo disfruta el ganar, el buen padre celebra las victorias y
consuela las derrotas. Desgraciadamente hay muchos padres buenos, que
consienten todo, que no acercan a su hijo a la realidad.
Pero para
sonreír, y al igual que en el artículo de nuestra madre, aquí están las mejores
frases “de padre” y que seguro que más de una vez han oído:
1) “Yo
a tu edad”: De las más típicas, sino la que más. Generalmente llevada al
trabajo. “Yo a tu edad cavaba zanjas, y tú ahí con el móvil sin trabajo”. Qué fantasma, seguro que él no sería capaz de
hacer un musically
2) “Eso
ya me tocó hacerlo en su momento”. También hace alusión a los estudios. Cuando
echas horas estudiando Física o haciendo un dibujo de Plástica y le dices a tu
padre “Papá, por qué no me hace esto” y recibes esa ingeniosa respuesta para
darte cuenta de que te va a tocar darle al bolígrafo o preguntar a tu madre, a
ver si no te responde lo mismo. Para qué
narices en la vida me servirá hacer una casa con macarrones, ¿hace 50 años
también se hacía? ¡Culpa del sistema!
3) “Mientras
vivas en esta casa…”: El final ya lo conocen. ¿Cuántos días quedan para independizarme? Voy a empezar a ahorrar…
4) “Te
crees que esto es un hotel”: Me levanto a
las dos, como, me voy con mis amigos, vuelvo a cenar, me voy de marcha, vengo a
dormir… Pues igual tiene razón y esto es un hotel, aunque si es así, que me
limpien los baños y me hagan la cama. ¡Ah, si también lo hacen!
Hijo,
¡córtate el pelo!: Más dedicada a los chicos. A los padres no les gusta el pelo
largo, es la realidad. Las nuevas modas no les gustan y menos si eso conlleva
parecer un perroflauta (para muchos de ellos con llevar pelo largo ya es
suficiente para etiquetarte así)
5) “Lo
que diga tu madre”: Su frase por excelencia. Pásale el marrón a tu madre que yo
aquí me mantengo neutral. Véase porque el problema no le interesa o porque te
da la razón, pero se niega a reconocerlo porque la voz cantante la lleva ella. A
rezar…
Las cosas han cambiado. Lejos queda ya cuando con tu padre ibas al bar a ver el
fútbol –ahora ya se ve en casa–, cuando repasabas las tablas de multiplicar
–ahora ya se las recitas a 'Siri'–, cuando las sesiones fotográficas las
protagonizaba él en el parque –y no únicamente tus amigos sacando la lengua–,
cuando cantabas a los payasos de la tele en ese auto de papá y no el último horror de
Enrique Iglesias –hoy nunca mejor dicho–. Pero no hay que equivocarse, tu padre
siempre será el mismo y siempre estará dispuesto a rememorar los buenos
tiempos, adaptarse a los nuevos, y sufrir los malos, y solo a cambio de una cosa: que goces a su lado al menos lo mismo que él disfruta contigo. Y créanme, no es favor baladí.
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