Capítulo 59
El amor no es cronológico
"Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón" (Mario Benedetti)
“Aún recuerdo ese beso en
el que decidí jugarme todo por amor. Desde que le conocí, parecía que estaba
hecho para mí. Quedábamos todos los días, hacíamos locuras, me hacía sentir
como nadie hasta ese momento. Había tenido relaciones pero nunca nadie así, y
por fin tenía una persona con quien compartir largas charlas con un café en la
mano, eternos paseos por la playa que ya nunca se me borrarán de la retina.
Pero había un detalle, ese que no pudimos superar...”
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| Dos niños se besan, sin importarles lo demás |
"(…) Solo había un
problema. Sentíamos que todos nos miraban, a todas horas, a todos lados. Sin
disimulo, nos hacían notar que nuestra diferencia de edad no estaba bien vista (...)".
Sé
lo que cuesta, de verdad. Reconozco que a veces es difícil de entender, hasta
que al final uno acaba experimentándolo en sus propias carnes. Y ahora es
cuando me dirijo a ellos, los que cuando ven por la calle a dos personas juntas
de edades notablemente diferentes dejan escapar la risa al aire, bañada de
incomprensión, irreflexión y mezquindad.
¿Hay
algo malo en que una chica de dieciséis años charle con uno de veinte? ¿Es un
delito, acaso, invitar a un helado a un chico tres, cuatro, siete años mayor
que tú? ¿Es motivo de mofa el que una persona de dieciocho años dedique poesías
a una de quince? Pues para algunos lo es –lo digo por experiencia–, que son
aquellos que desconocen el significado de la palabra amor, ni quieren
descubrirlo, pues su mayor propósito es conseguir que las relaciones de los
demás se vayan al traste porque no son capaces de fabricarse la suya propia. Es
más fácil destrozar las ilusiones (y las poesías) ajenas que crear unas
propias.
¿O
es que el amor tiene edad? Quizás es momento de reflexionar y respetar que
quien trata con chicas más pequeñas no es ningún pringado, que quien ama a
chicos más mayores no es más aprovechado, ni que las chicas que salen con
hombres mayores lo hacen para pegar ‘el braguetazo’, y a su vez ellos se
convierten en unos asaltacunas.
No
es así y diré una cosa. Puede que (el famoso) Cepeda sea un soso, cante mal, o
tenga menos garbo que un saco de patatas, pero quien le asigne tal adjetivo (el
de asaltacunas), como he leído y oído más de una vez, no tiene ni idea de lo
que es amar y me atrevería a decir que ni merece averiguarlo.
Por
ello, ante eso, solo queda dejarles que se hundan en su profunda ignorancia.
Dejarles que especulen, que critiquen, que piensen que esa historia no puede
ocurrir por el simple hecho de que en su DNI aparezca una cifra diferente a la
tuya. Porque detrás siempre hay una historia, siempre; un porqué que desconocemos
y que ha hecho que esas dos personas se junten y sean felices, por mucho que a
algunos les cueste tanto comprenderlo, y tan poco juzgarlo.
"(...) Nunca discutimos, nunca nos
echamos nada en cara, pero esas miradas llenas de prejuicios pesaban demasiado.
Me decía que era mayor para mí, que me estarían esperando chicos de mi edad. Ya
ves tú que tontería. Pero en el fondo sabía que él no lo pensaba, que solo
decía lo que oía por ahí. (…)”.
El
problema llega cuando esas miradas, esos comentarios inconscientes, pero a la
vez lacerantes, pueden a todo lo demás y tomas la decisión de rendirte. Y, con
ello, quedarte sin conocer qué hubiera sido si llegas a quedar con aquel chico
mayor, que te quería, que te hacía sentir como nadie, solo por coger el camino fácil y desoírte a ti mismo: el
de ignorarle por el qué dirán (sí, estoy
seguro de que te acuerdas).
"(...) No obstante, no le
convencí. Y todavía no lo he superado. Siento que aún guardo mucho amor hacia
él, que aún nos quedaba por vivir mucho, más bien todo. Me siento perdida,
esperanzada de que en un tiempo pueda cambiar de opinión, abandone esos
pensamientos y poder volver a juntarnos. Porque hay algo peor que dejar una
relación cuando las cosas van mal: hacerlo cuando las cosas no podían ir
mejor”.
Me
niego a creer que algo tan insignificante como un número sea capaz de echar por
tierra algo tan maravilloso (y sufrido) como es el amor. Porque quién sabe.
Puede que alguien capaz de sortear esas cifras insignificantes, llegue a
encontrar una breve historia de amor que dure toda la vida.
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| La historia de amor |


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