Capítulo 63
"E" de estupidez
"No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno" (Arturo Pérez Reverte, miembro de la R.A.E)
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| El lenguaje va en una dirección; el género, en otra |
Me
encanta arrancar mis artículos con una anécdota de mi infancia que, como ya
dejé claro, fue maravillosa. Además de porque me divertía mucho, porque también
aprendí. Me acuerdo ahora de antes, cuando te enseñaban a hablar y a escribir.
De manera correcta, quiero decir, cuando no te impulsaban a ser un ignorante
políticamente correcto, como sucede ahora.
Aún
recuerdo esos cuadernos Bruño, en los que tenías que escribir sin cometer faltas
de ortografía, aprendías a diferenciar entre la “b” y la “v” y además no podías
salirte del renglón. Fue una de las cosas más útiles en toda Primaria. Quizás
no por convertirme así en una persona culta –porque qué más da eso ya, si no
está de moda– sino para no ser el típico pringado de la clase que
suspendía los exámenes por deficiencia de tildes.
Pero,
como digo, eso ya pasó a la historia. Creedme que no exagero al decir que ahora
quien está mínimamente culturizado, quien utiliza la expresión correcta en cada
momento, quien no escribe erratas más gordas que un tapón de alberca, ha pasado
a ser un completo old-fashioned, un arcaico, un decimonónico y, en definitiva,
una especia en extinción que terminará por desaparecer de forma tajante cuando
el lenguaje se convierta en un partido sin reglas (ni escritas ni verbales).
Ya
no hablo de lo relativo al género, que también, sino a las sucesivos
despropósitos y barrabasadas que se
escuchan a diario, pero que te hacen ser no un ignorante, sino un moderno y,
además, progresista.
Había
gente sorprendida con las terminaciones en –o y –a, que después se redujeron a
@. Pero no era suficiente, ya que había personas que no se sentían
representadas en ninguna de esas letras y, por tanto, había que aglutinar a
todo el mundo en la letra “x”.
Sin
embargo, esto acarrea un problema y es su dificultad de pronunciación. Es por
ello por lo que, en su defecto, hemos aterrizado en el (pen)último invento del
progreso. Un descubrimiento a la altura de la llegada del hombre a la luna
(aunque Casillas lo ponga en duda), al nivel de la invención de la imprenta o
de tal magnitud como las fotos en twitter de Theo Hernández (bueno igual no
tanto).
Se
trata, señoras, señoros y señores, de la letra “e” como “NEUTRO”: una especia
de bálsamo de Fierabrás, cura de todas las desigualdades. Ante la duda, no la
más peluda, sino la “e”.
No
hace falta repetir mil veces más que en el español no existe el género neutro y
como hacerlo sería dar una explicación sobre algo tan vejatorio, me abstengo de
que me llamen facha otra vez. Simplemente reitero que me resulta curioso que
haya sido la “e” con el argumento de "porque está entra la “a” y la 'o'". ¿Y entonces por qué no es
la “i”? Vaya usted a saber si en unos años será la “u”.
Parece
una broma, pero sobre la mesa está la opción de modificar al completo la
Constitución (qué es eso) para incluir el género femenino. Con dos objetivos:
el primero, hacer un tocho el doble de grande que el que tenemos ahora, y el segundo y más a la vista,
el de llevar a cabo la política de GESTOS que define a la perfección el
Gobierno del Señor Pdr Snchz.
Ya
consiguió llegar a la Moncloa para hacer su Gobierno “feminista”, que sería una
idea FASCINANTE si no fuera porque para lograrlo echara mano de imágenes
irrelevantes, de nimios gestos como este que no hacen sino convencer a los
ignorantes, porque a esa meta solo se llega con POLÍTICAS, con LEYES que nos
hagan desembocar en el fin de la lacra machista. Hasta entonces seguirán
creyendo que con la “e” al final de las palabras es suficiente para erradicarla.
Pero,
como dije, no es el género el único problema que presenta esta moda de hablar
mal, de competir por decir la mayor burrada lingüística que se haya escuchado. Basta
ya de jugar a eso.
El
femenino de portavoz no es “portavoza”, ni el de miembro es “miembra”. Ya está
bien de pensar que algo lo “dijistes”, que algo lo “caíste” o que “hubieron”
cambios (esto último va por vosotros, comentaristas). Porque si ya ni los
periodistas hablan bien, igual el problema es más serio de lo aparente.
Sinceramente
solo deseo que alguna vez todo dé la vuelta. Al igual que regresaron
los Pokemons, al igual que volvemos a disfrutar de los pantalones ajustados,
ojalá regresen las oscuras golondrinas que traigan consigo el hábito de hablar
y escribir bien.
Ya
vendrán los cambios si tienen que venir, pero hasta entonces no cuesta NADA
hacerlo bien (también en twitter, aunque cueste), porque no es más caro ni más difícil,
aunque con ello te tomen por anticuado, por empollón y listillo. Siempre será
mejor pecar de audaz que de ignorante, al menos desde mis gafas.
Ahora
que cada uno elija su camino. En fin, que ay que avlar y escrivir vien.

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