jueves, 13 de julio de 2017

CAPÍTULO 47: Rueda, rueda...

Capítulo 47

Rueda, rueda...


"Una generación que no soporta el aburrimiento es una generación de escaso valor" (Goethe, novelista y poeta del Romanticismo [1749-1832])



La Rayuela, juego infantil
Desde que apareció aquella bola redonda con tres botones y una correa que servía de llavero, más conocido como “tamagochi”, la sociedad comprendió que una nueva forma de entretenimiento comenzaba a florecer. Rezagado quedaba ese pilla a pilla, el escondite o el zapatito inglés que, estamos de acuerdo que eran juegos “para un rato”, pero que tenían un atractivo que los diferenciaba: la necesidad de al menos una persona más para poder practicarlo.

Pero fue con la aparición de ese elemento redondo inteligente cuando se inició la era de “la otra realidad”, la virtual. Ya no era necesario a alguien para entretenerse, ni para pasar el rato. O mejor dicho, sí lo era, pero no tenía por qué estar vivo.

Ocurrió con las peonzas. Quién se acuerda ya de ellas. Aunque eso sí que era arte. Había gente con verdaderos dotes malabaristas con ella, llegando incluso –los más privilegiados– a concursos de la televisión a mostrarlos. Pero, ¿se imaginan ganando un ‘Tu sí que vales’ a alguien con verdadera destreza con el spinner?

Todo eso ya queda atrás, y con todo lo que tenemos ahora hasta nos podría dar vergüenza recordar aquellos tiempos. Para nada. Más bien sería al revés. Si alguien en esa época vislumbrara lo que en 2017 sería el juguete de moda, se caería para atrás. No es redondo, pero sí rueda.

España y el mundo han pasado de un año a esta parte de explorar las calles, las plazas, los mares y océanos si es preciso para encontrar animales que no existen, de entrar en gimnasios donde la gente no suda, sino donde luchan por Pokemons, a coger una rueda de tres puntas que lo único que tiene de especial es que gira sin parar siempre y cuando muevas los dedos en la dirección correcta y con la necesaria destreza.

El famoso spinner se ha convertido en el “Pokemon Go” de 2017. Y, como todo en la vida, tiene una función, para luego darle otra o, directamente, convertirlo en una moda. Este maravilloso objeto no es una excepción.

Su primera función era la de “combatir la ansiedad y evitar el autismo”. Al menos así lo hizo saber su inventor, que ni me he molestado en buscar quién es porque bastante forrado estará ya. Que cada cual se moleste en buscar información de este gran tipo.
Y lo cierto es que me consta que hay una parte de la sociedad que sufre tanto ansiedad como autismo, lo que no sabía es que era tanta. De una semana a otra algún colegio pasó a tener todos sus pupilos con ansiedad, porque no había un solo chico que no llevara el spinner a clase.

Un aparato indispensable, un descubrimiento prodigioso, un hecho que sin duda los niños del futuro estudiarán en las escuelas. Un acontecimiento casi comparable a encontrar una nueva pokeparada o a la noticia de la demolición de ‘la jaus’.

Dónde quedan ya aquellos entretenimientos en clase cuando no había quien soportara a ese profesor. Como pintar la silla al de delante, rozar el boli por la mesa para ver si hacía ruido o, para el más valiente, arrugar un papel para lanzárselo al empollón que estaba en la otra punta. Pues no. Resulta que no teníamos ni idea, porque la verdadera diversión se hallaba en dar vueltas a un cacharro.

Un juguete educativo, práctico, y que sin duda mejora la inteligencia. Todo el mundo convendrá conmigo que los grandes pensadores como Newton, Platón, Steve Jobs o Pedro Sánchez usan o usaban uno para desarrollar sus grandes propuestas, sobre todo este último. ¿Qué habría sido de la Play Station si su inventor hubiese descubierto previamente el spinner? No tendríamos consolas, seguro.

Por suerte el mundo también rueda. Y esto de las modas tiene su parte positiva. Yo me paso el día pensando cuál será la siguiente mentecatada que saldrá al mercado y a la que nos vamos a suscribir y, posteriormente, podamos reírnos de ella. Para eso sirven las modas. Para disfrutarlas, y cuando ha pasado el tiempo preguntarnos “cómo pude yo hacer esto”. Mientras nos paramos a reflexionar sobre ello, que sepan que solo en el tiempo que emplearon en leer este artículo, más de cien mil spinners en el mundo han girado. Qué sería del mundo si no girara. 

1 comentario:

Comenta si estás de acuerdo con el artículo