lunes, 24 de julio de 2017

CAPÍTULO 49: Continúa en rojo

Capítulo 49

Continúa en rojo


"Me levanto. Soy machista, mal humorista, pésimo usuario de la ironía y muy mala persona. Me vuelvo a acostar" (Arturo Pérez Reverte, escritor, miembro de la R.A.E)






Semáforo con siluetas femeninas.
Está en rojo
Llegado el punto en el que la sociedad lo único que tolera es la famosa libertad de expresión –siempre y cuando esa expresión coincida con la suya–, no me sorprende que ya cualquier acto que antes pasaba desaprcibido, el más mínimo detalle que en otra era suponía algo insignificante, ahora sea Trendin Topic en pocos minutos.


Me consta que es así, y eso provoca que muchos vivamos con tedio a enfrentarnos a esa nueva realidad. En este caso yo, sexo masculino, si bien no ofende a nadie que lo diga, con miedo a que si voy sentado en el autobús y aparece una señora deba o no cederle el sitio. Con preocupación por si al entrar en mi facultad y viene una chica detrás debería dejarle pasar a ella o si, por el contrario, debería entrar yo primero como un elefante en una cacharrería. En definitiva, si debo pecar de educado o de machista, porque ya no existe término medio.

La lacra del machismo provoca escalofríos cada vez que se conocen datos, es verdad. Y lo peor es que parece inevitable. Hablo del verdadero “machismo”. Sí. Discriminar a la mujer. Ese que se nos viene a la cabeza cada vez que una mujer es violada, maltratada, asesinada. Una enfermedad que debiera ser lo que en verdad nos inquietara. Y que, al paso que vamos, tiene pinta de que mucho no va a aminorar.

Todavía hay gente que piensa que esto se combate con semáforos que lleven monigotes femeninos, con calendarios cuyos meses acaban en “a” o con veinte eslóganes que se publiquen en twitter para decorar la cuenta. Sirve, sí, para ganarte un minuto en la televisión con la idea más guay, más “progre” y más liberal del día. Todo ello después de que por enésimo informativo consecutivo, otra mujer haya sido víctima de violencia de género.

Es difícil que un movimiento como el feminismo avance sin una idea común. Se afirma que hay “varios feminismos”. Porque el problema no radica en el movimiento en sí, sino en la forma de mostrarlo. Y una gran parte practica el ‘falso feminismo’, el malo, y su 'modus operandi' es hacerse la víctima.

Aquellas que cuando un chico les mira los pechos (que no tiene nada que ver con tocar, que son palabras mayores), solo con mirarlos ya le llaman “acosador” cuando en su Instagram sale con una foto en sujetador y el letrero “mira qué mal me han cortado las uñas” (ella puedo enseñar lo que quiera, pero tú no puedes verlo). Ni aquella que cuando un chico les rechaza (cosa que al parecer ya no se puede hacer) se refugian en el victimismo, en que lo hacen por su deteriorado estado físico, cuando ella hace lo propio porque su pretendiente no es lo suficientemente alto (ella puedo rechazarte, pero si tú lo haces es ‘violación inversiva’).


Y yo en mi más profunda ignorancia me pregunto a qué lleva ese victimismo. ¿Hay algo más denigrante para una mujer que conseguir algo por el simple hecho de ser mujer? ¿Es eso lo que a lo que se quiere llegar? Por suerte, creo que no. Por fortuna, hay muchas mujeres (y hombres) que luchan por esos derechos de forma activa y no como otros que sienten que la forma de hacerlo es desde el sofá, con una manta a los pies, y con los dedos deslizando por el teclado, poniendo las palabras con terminación masculina y femenina y, en resumen, escribiendo lo primero y más sonoro que se les ocurrió nada más levantarse. Deberíamos aprender de ellas –de las primeras– o de quienes no están ya entre nosotros –y residen en los libros– y no creer que el primer tweet que lees es el que vale, que el que dice más veces que es feminista es mejor, ni que tú opinión, por el simple hecho de que seas hombre o mujer, vale más o menos. Y si piensan de la otra forma, vayan con los que dibujan esos nuevos semáforos tan ‘feministas’ que para mí hoy siguen en rojo, pero que sus pintores dicen que cambiarán la forma de ver el mundo, para pasar a uno mucho más igualitario. Yo no lo tengo tan claro, y por lo que hoy he visto no soy el único. Paint también se ha caído del barco.

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