jueves, 3 de agosto de 2017

CAPÍTULO 52: 'Resentidosexual'

Capítulo 52

'Resentidosexual'




"No pienses en tendencias sexuales. Las tendencias solo reflejan miedo a la diferencia y a lo que no comprendes" (Albert Espinosa)


Tiene tanto lío que ya
no sabe qué es

Mira que me gusta poco ir a comprar, y bien saben de eso mis padres. Rara vez les ayudo con los recados. Seguramente hayan echado una carcajada cuando hayan leído eso de “rara vez” Y tan rara dirán. Pero lo que sí hago es fijarme en lo bien que lo hacen. Y siempre me llamó algo la atención, sobre todo en mi padre, cuya memoria empieza a flaquear con el paso de los años. La manía de etiquetar cada alimento que compra y que va al congelador, con su respectivo nombre y la fecha de su adquisición.


Bien, pues esta absurda e insignificante anécdota me sirve de perfecto hilo conductor para explicar el fenómeno de hoy, que trata ni más ni menos del capricho y obsesión de etiquetar hoy en día absolutamente todo. Me explico:

Hace un mes tenía lugar en Madrid la famosa fiesta del World Pride. Madrid se convertía en la capital mundial del orgullo. No hay una sola persona en este país que no se hubiera enterado de ello. Los medios de comunicación llevaron a cabo su estrategia de “cansinismo” para que día tras días en cada informativo nos hablaran de esa “reivindicativa” e “importante” fiesta. Y si hay alguien que no hablara de ella, o algún despistado que no se dedicara a enarbolar por la calle esa bandera ‘arco iris’, posiblemente se convertía en un intolerante.

El problema es que los medios, en su alarde de poner énfasis en el festejo, en lo especial de esa celebración y, en definitiva, para ganar telespectadores, no se daban cuenta de que lo único que conseguían era hacer un flaco favor a todos, aunque muchos no lo vean o, peor aún, no lo quieran ver. Porque si tanto queremos “normalizar” la situación de aquellos que no se sienten aceptados por la sociedad, o son menos aceptados que otros, no creo que la mejor solución sea “desnormalizar” la fiesta, hablando de ella como si no hubiera mañana o poniendo en la pantalla tropecientos hastags clamando la igualdad.

Pero la culpa no la tienen toda ellos –los medios–, tampoco el heteropatriarcado, al que todo el mundo echa la culpa de todos los males. La culpa del machismo es del heteropatriarcado. Las torres gemelas las tiró el heteropatriarcado. La culpa de que mi suegra venga a comer todos los domingos es del macho ibérico. Y la de que no me coma un colín, también. La culpa está en nosotros, como todo en general.

De tener que ponerle a todo un nombre. De decir que a la gente que le gustan las almas y no los cuerpos, tiene que denominársela de alguna forma en concreto –en este caso pansexual–. De decir que porque me guste alguien por su intelecto soy sapiosexual, o que si como pescado soy “pecano” o que si me gusta un asiático soy “transiberiano” (esto último es invención mía, pero quién sabe si pronto estará en la R.A.E)

¿A nadie le da la sensación de que das una patada a una piedra y salen cien sexualidades más? Como decía el gran twittero TraedRuffles hace algunas jornadas, “Ya hay más sexualidades que personas”. Lo que uno descubre. Ahora resulta que los que desconocen su orientación sexual no son confusos, sino antrosexuales. Parece que los que no tienen deseo sexual son hiposexuales. Y, por si fuera poco, aquellos que aman y no necesitan ser correspondidos ya no se les conoce como “buena gente”, coloquialmente “buenazos”, o despectivamente “pobrecillos”, sino que tienen nombre: Lithesexual.

Aunque mi término favorito es el de Arromántico, en sus múltiples variantes, que no son pocas. “Dícese de los que, al margen de sus pulsiones sexuales, nunca regalarán flores (de todos las clases, no es necesario ofenderse de nuevo) ni darán sorpresas a la salida del trabajo de la persona deseada” . Lo que me hace pensar que o bien no es un término muy bien matizado, o que todos somos arrománticos. Y ya si quieren continuar con el juego, que sepan que existe el panromántico, el polirromántico y el transromántico. Y ahora, a aprenderse la lección..

Me pregunto cuándo dejarán de darnos en la E.S.O esas charlas afectivosexuales donde se explican cosas como la mecánica de poner el ‘paragüitas’, las enfermedades ETS o la gran frase de “hay que estar preparado”, es decir, cosas absurdas y que no tienen importancia, y empiecen a darnos clases de qué es un pansexual, un demisexual y un bicurioso, ya que, sin duda, la repercusión y la utilidad de saberlo es mucho mayor.

Al igual que lo dije en el capítulo del feminismo, me da rabia que, algo tan importante y preocupante como la integración de personas que no son de la sexualidad común se convierta en un casi cachondeo, cuya lista de opciones sexuales se asemeja más a la de horóscopos que a una lista de problemas, que a veces es en lo que este tema desgraciadamente se convierte. En fin. Por todo eso muchas veces me pregunto de qué hay que sentirse orgulloso si seguimos por este camino. El camino de etiquetar por sexualidades. El de creer que para unir hay que separar. De tener que hacer un baño aparte para los transexuales, en lugar de integrarlos, que es lo que quieren y merecen. De pensar que para ser todos iguales hay que diferenciarse. 

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