Capítulo 56
Gracias, Manolo
[Cita del 4 de febrero de 2017]
"De repente, una novela de ciencia-ficción escrita en un rollo de papel higiénico me parece una grandísima idea" (Manuel Bartual, diseñador y escritor)
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| "No escribas más" La frase reina en la historia de Manuel Bartual |
¿Nunca les
ha dado la sensación de que hemos nacido en la época equivocada? O que la frase "cualquier tiempo pasado fue mejor" ¿tiene su sentido? ¿O directamente que este
mundo no está hecho para nosotros? Puede que ese pensamiento aparezca poco,
mucho o todos los días, pero aparece. Y cada vez son menos los momentos en que
uno se siente “comprendido”.
Tan solo transcurrieron veinticuatro horas desde que Diada era uno de los Trendin Topic, hasta que lo empezó a ser #GraciasManuel y me doy cuenta de lo mucho que puede cambiar el mundo en cuestión de horas y, más aún, de la diferencia abismal que existe entre unas personas y otras; entre lo bueno y lo malo.
Debo empezar por lo malo, y es que ayer asistíamos perplejos a una nueva escena de inoportunismo -permítanme la expresión-. Siempre le
hago un guiño a la libertad de expresión, en casi todos mis artículos. Básicamente
porque es la responsable de que tanto yo como ustedes puedan escribir. Y la culpable de que ayer se pitara al Rey, o
a quien sea, cuando se trataba de una reunión para conmemorar a las víctimas, y
a las familias de las mismas que creo que poco les importará mucho en estos
momentos si hay monarquía o república, si el Rey se llama Felipe o si va o no
va a no se qué sitio. Me avergüenzo.
Busco el
camino para sentirme integrado en un mundo que cada vez me lleva más la
contraria, y lo que más me preocupa, contradice potencialmente al sentido
común. Me muestro sorprendido, que no cabreado, con las incesantes burlas hacia un
terrorista que amenaza a nuestro país. Asisto resignado, que no aliviado, a
que una mujer lleve a cabo la fuga para llevarse a sus hijos, como argumento de no estar
de acuerdo con una ley que no la ampara. Me encuentro asolado sabiendo que una bandera es más
importante que la pérdida de vidas humanas.
Por ello
alabo a todos los que buscan el bien de los demás, que cada vez hay menos, y
las formas para encontrarlo cada vez son más extravagantes. Y aquí viene la parte buena. Ya alabé al creador
de Pokemon Go, que consiguió que los chicos salieran a la calle a juntarse,
aunque solo sea para luchar por un ser virtual.
También
quiero reconocer la inteligencia de quien inventó el Bottle Flip: dirán que
¡vaya invento más poco original! Pero no hay cosa más difícil en este mundo que hacer viral
aquello que ya existe, pero que aún no es famoso. Cómo algo como lanzar una botella al
aire para que caiga de pie puede ser un deporte que se practique de repente en
todas partes. Durante meses no había mayor satisfacción que quedar con amigos,
tirar la botella y que cayera limpia y de pie –y si era la primera vez que la lanzabas,
era la alegría del día–. Algo tan sencillo como eso, unió.
O quien hizo
el primer Mannequin Challenge. Algo tan correcto, que se realiza con tan poco
esfuerzo, y que puede hacerlo desde el más pequeño de la casa hasta la
bisabuela. Que llegó desde Messi hasta Obama, pasando por todo tipo de famosos
y no famosos. Desarrollando una genialidad que con cada vídeo se potenciaba.
Algo tan simple como eso, consiguió unir.
Pero, sobre todo, este artículo va dedicado a quien ha acaparado la mayor parte de nuestro tiempo esta semana –más incluso que a leer el Tuitero Resentido–. Cómo una
persona, desconocida para la mayor parte de nosotros, a través de una red
social ha conseguido mantenernos en vilo de algo que sabíamos que era irreal,
pero que nos hacía distraernos, nos ayudaba por un rato a evadirnos de la realidad.
Porque que
una persona haya logrado hacerse viral, en los tiempos que corren, no es
ninguna hazaña sobrenatural. Lo que es verdaderamente un hito es que lo haya logrado
sin un insulto, sin una palabra malsonante, sin mostrar su ideología, sin
hastags, sin fotos comprometidas, consiguiendo en definitiva el
interés de toda una red social y, ahora que sabemos ya el final, el respeto y la
admiración de los que leímos. Consiguiendo su objetivo de la forma más humilde,
sin buscarlo.
Esa gente me emociona. Pero siempre habrá gente resentida, yo entre ellos, pero hay distintos niveles. Personas que
tras saber que la historia era falsa le dejaron de seguir. O directamente, se
enfadaron por pensar que las había engañado. Gente que no entiende nada.
Que no se percata de que una persona consiguió reunir a toda una red social, en
un momento como este. Un periodo en el que el mayor de los gritos es la mejor de las razones, el mayor de los insultos es el argumento más original. En el que una pelea se hace más viral que una historia. En un momento como este, nos has unido, a través
del medio más desusado, pero a la vez más importante: la palabra. Gracias,
Manolo.

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