martes, 8 de agosto de 2017

CAPÍTULO 53: A todo 'Trap'

Capítulo 53

A todo 'Trap'



"Los que cambian el mundo no son los que tienen mucho amor propio, sino los hombres y mujeres que están preparados para hacer el ridículo" (P.D. James; escritora británica)


(Les advertimos que el lenguaje de este artículo puede herir su sensibilidad)

Un gato trapero
Llego ahora de ver el fútbol, y me ha pasado algo verdaderamente notable. He tenido que dar la razón a un amigo, a quien nunca se la he dado –al menos con este tema–. Después de conocer las espeluznantes cifras del ‘Caso Neymar’, me he resignado y hoy le he dicho que sí: que el fútbol es un asco.

Ya tendremos tiempo de ahondar en el tema, aunque si piensan que este futbolista ha ganado demasiado dinero para lo poco que hace, les aseguro que cuando acaben de leer esto, cambiarán de opinión.

Vengo a hablarles del fenómeno que revoluciona las redes y que ya se ha cargado algún que otro cerebro, tanto del que lo lleva a cabo como del que lo vislumbra (el mío ya venía mal de antes, aunque algo más sí se ha atrofiado). De la práctica social más original, atrayente y que sin duda pasará a la historia por el arte y el tiempo que se le aplica a ello y el esfuerzo que se imprime para hacerlo (aunque, desde luego, mucho más si cabe, para verlo)

Nada más y nada menos que el Musical.ly. Para los que no hayan oído hablar de ello, aquí les dejo un enlace para que no anden despistados en los próximos párrafos.

Si ya lo han visto y aún tienen ganas de seguir en este mundo y, además, leyendo, se lo agradezco. Como pueden apreciar es el colmo de la originalidad. No cabe duda. Si ven varios además, pueden ver la elegancia, la finura y el buen gusto que tienen todos estos sujetos. Van bien vestidos, salen todos muy naturales, la música no puede ser más filosófica y relajante –el primer musical.ly lo realizó Beethoven con su famosa pieza Paraelisa (Elisa oyó eso y se fue)–. Sin embargo, si se ponen a buscar un ejemplo en el que uno o una se ponga a bailar trap con poca ropa, que sepa que no es para nada común. Ya lo han podido comprobar.

Fuera de bromas, se trata de una aplicación que sube el ánimo a cualquiera. Y además de la forma más sencilla. Tan fácil como poner el móvil de frente, moverlo un poco durante la majestuosa actuación (debe de ser para que no nos quedemos dormidos) y hacer un sinfín de gestos que poco tienen que a veces ni tienen que ver con la canción en cuestión, pero que son muy ‘traperos’. Pones la mejor de tu sonrisas, guiñas un ojo y te levantas la camiseta al final (siempre al final, para que la gente no deje el vídeo a la mitad). Con eso, más pronto que tarde podrían estar llamándote las discográficas para grabar el próximo ‘Despacito’. Eso sí, versión play back, porque el musical.ly –gracias a Dios- es mudo.

Se oye por encima esa canción trapera, acelerada, repleta de auto-tune que encandila a la 'people'. Y, eso sí, más vale obedecer lo que dice la canción. Si dice ‘tetas’, hay que tocárselas. Si dice ‘enséñame’, hay que levantar la camiseta y si dice ‘dámelo todo’, ahí que cada uno desarrolle su imaginación. El problema es cuando niños –me da hasta cosa decir niños– de once, doce años, se les oye cantando eso de “Cuando vas como una cuba eres una fulana” o “Te lo meto en el Lamborghini”. ¿Soy al único al que se le encoje el estómago? Si eso hacen en público, qué pensarán ya en privado.

¿Se acuerdan de aquellos dos locos que se hicieron un vídeo cantando Ding ding dong song? Nos pareció surrealista. Ahora sería un vídeo más, y además “muy soso”. Porque en él no hay trap ni expresiones sensuales. Y ahora lo que mola es el trap. ¡Qué casualidad que a todos les mole lo mismo de repente! Lo que antes era para muchos “ruido”, o que solo lo escuchaban los dos porretas del barrio, ahora es "lo más".

Vayamos a su definición. Dícese del género, alternativo al regueaton y al hip hop con un contenido más “agresivo”. Dicho de otra manera –por mí–: género musical similar al regueaton, con la diferencia de que en lugar de decir “quiero llegar a tus lugares favoritos” dice sin tapujos “quiero comerte el pito y el chocho”.

Es buena música, es sensible y además, hay que vestir como los que lo cantanEs algo que me abruma. Para ser un buen trapero hay que llevar la gorra más cara, la camiseta más lisa y las pintas más esperpénticas con el fin de parecerse a los famosos que lo cantan. Yo no he visto a los fans de Lady Gaga travestirse, ni a los de Pitbull quedarse calvos, ni los oyentes de música clásica ponerse una peluca blanca, ni a un buen pintor cortarse una oreja. Pero ahora, hay que dedicarse en alma, pero también en cuerpo, a la música que te gusta.  

Tampoco quiero dedicarle mucho más al tiempo al trap, ya que es igual de válido que cualquier otro estilo. Pero harían bien en hacer una cosa. No sean hipócritas. De poco sirve ir de mente tan cerrada al decir “no me llames guapa, que no tienes derecho” y luego ir a la discoteca a cantar en el gepeto de uno –o una– “chupa, chupa, chupa” (no es un ejemplo que me saco de la manga. Busquen si no la canción Ms Nina – Chupa Chupa. Encima, talento español).


Así que celebremos esta liberación del cuerpo. No seré yo quien esté en contra de estas cosas. Al contrario, gracias a ellas escribo. Pero vendría bien saber que no estamos solos en el mundo. Que, por mucho que ahora el trap sea lo óptimo y haya gente que piense que no hay más allá, sigue habiendo otra gente que prefiere gastar tiempo escuchando a Mecano. Y no por eso es un antiguo. Ni por escuchar a Manolo Escobar es un facha. Yo no les voy a decir que por oír a C Tangana sean ustedes unos barriobajeros. Eso sí. No está mal de vez en cuando retratarse. Y si no, piensen en cuántos vieron aquel vídeo de “Josemi” y su “Estoy burlao” y manifestaban su bigardía. Ahora solo hace falta ver cuántos de ellos le han imitado, al menos en el estilo musical, esperemos que, al menos, solo sea en eso.

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