miércoles, 23 de agosto de 2017

CAPÍTULO 55: Allá van con el balón en los pies

Capítulo 55

Allá van con el balón en los pies



"Siempre es difícil perder cuando no estás acostumbrado" (José Mourinho, entrenador del Manchester United)



El amor y el fútbol, ¿incompatibles?
Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis; Gabi, Tiago, Koke, Turan; Villa y Diego Costa. Me la sabía y me la sé de carrerilla. Los campeones de liga. Y, si no, siempre me queda algún amigo para recordármela, porque no hay cosa mejor que compartir el fútbol con amigos, y si son del mismo equipo desde luego que es ya supremo.

El fútbol. Ese deporte apasionante, y a la vez pasionario. Levanta pasiones allá donde va. Pero hoy no escribo para darme la razón. Puede parecer irónico, pero en breve entenderán por qué.

Es el deporte que más afición hace con diferencia, por mucho que haya gente que no quiere o, peor aún, no permita reconocerlo. Pero como bien saben, lo más querido en este mundo es a la vez lo más odiado –es por eso por lo que quizá a mi me odia poca gente–. Y es que el fútbol es el deporte más “hateado” en estos momentos, y en ocasiones con cordura.

Hoy me dirijo a todos aquellos que, por una u otra razón no ven fútbol. Y sobre todo para derribar un mito. Ese de que a las mujeres no les gusta el fútbol. Negativo. Las que odian el fútbol no son las chicas, son las novias. Del total de hombres de la tierra calculo que un 30% ve el partido de su equipo, un 10% no les gusta el fútbol y otro 15% no pueden verlo por motivos de trabajo. No me cabe duda de que ese 45% restante se acaba de echar novia.

Canal Plus Liga activa el protocolo de alarma cada vez que se produce un enamoramiento. Odia el amor. Sabe que con cada beso un cliente acaba en la cuneta. Clientes que pasan de tener como máxima aspiración de la semana el partidazo del domingo a las cuatro entre dos grandes de España (un Valencia – Osasuna, por ejemplo) a suspirar porque llegue esa comida con los suegros que, vaya por Dios, coincide con la hora del encuentro.

Cambiaste esa vida de sofá, cañas, bufanda rojiblanca y pies sobre el butacón para estar en esa comida romántica, bebiendo agua sin gas, con los codos fuera de la mesa y etiquetado de Armani (que hay que causar buena impresión). Y todo mejora más aún cuando al servir el postre el padre de tu novia te suelta la gracieta de “la mousse mejor en copa, que nosotros tenemos doce”.

Pero como decía al principio de este artículo, siendo sincero, cada vez os entiendo más. El fútbol dejó de ser lo que era, y no es un simple tópico. Aquellas tardes de transistor pasaron a mejor vida. Ese sonido del gol en las radios, los diez segundos eternos que pasaban entre que el locutor gritaba gol y cuando decía de quién era. Atrás queda esa mirada pegada al teletexto, esperando ansioso a que el casillero de tu equipo fuera el próximo en parpadear. Las camisetas de TEKA, los partidos de los sábados a las diez en abierto (en la Sexta o Telemadrid, y cuando el partido era el bueno, claro). Cuando tenías que comprar los partidos en PPV y echaban al Pucela en Localia.

Tiempos que añoro. ¿No creéis que antes se disfrutaba mucho más del fútbol? ¿O que, directamente, el verdadero fútbol ha desaparecido? ¿Os acordáis cuando la noticia no eran las mechas de cristiano, sino el hat-trick que había materializado Ronaldo? (“El gordo”, claro, aunque debería decir “El fornido”, no vaya a ser que, de lo famoso que se está convirtiendo este blog llegue a manos de la cuenta de Derechos Humanos). Cuando el mejor medio de comunicación era Rojadirecta. O simplemente cuando el fútbol no consistía en dar setenta y siete toques, en jugadas de estrategia o en ver quién portaba las botas con más aerodinámica.

Tampoco recuerdo qué botas usaba Oliver Átom ni en qué guantes se aguardaba Benji Price. Tampoco el número de toques que daban hasta llegar a esa lejana portería contraria. Lo que sí me consta es que jugaban sin prisa. Entre ocasión y ocasión a Oliver le daba tiempo a fichar por el Muppet de Mark Lenders, a Neymar a aprender a no tirarse y a Arda Turan a atarse las botas para que no les salten –accidentalmente– a los linieres. El fútbol, que da hasta para una serie japonesa.

Así que os doy parte de razón. Tanto a los que no les gusta el fútbol, como a los que habéis tenido la suerte o desgracia de disfrutar una novia que os hace olvidar la hora del partido. Aunque siempre hay alguna que muerde el anzuelo y se sienta contigo al sofá, a la espera de descubrir tu lado más oscuro.

Pero nunca sabréis lo que se siente cuando tu equipo marca un gol, esos momentos previos al partido cuando las mariposas invaden tu estómago, cuando conoces que Juanfran ocupará el lateral derecho e intuyes que será otro partido para el olvido, cuando tu equipo gana una liga con gol de un Dios o cuando pierde otra final.

Porque ser hincha es bien, pero ser del Atlético de Madrid es una sensación distinta. Yo sinceramente no sé si somos “el pupas” o si nuestro presupuesto es tan malo como dicen. Desconozco si somos un rival digno para un derbi y también si Lo pueden entender o no. Lo que sé es que, por muy malos que seamos, por muchas finales que perdamos, comprometerse con un equipo así es una experiencia inolvidable.


Y yo me voy que me está esperando la novia para pasar un rato con ella. Se llama Diego, se apellida Godín, tiene diez amigas que, aunque no sean muy buenas, entretienen de vez en cuando, y a veces, si se les cruza algún cable, la meten que da gusto. ¡Wanda qué bien!




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