Capítulo 54
No dudaría en volver a reír
"Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices" (Edward R. Murrow [1908-1965] reportero estadounidense)
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| 17 de agosto de 2017 |
Yo nunca he sido
partidario de que el que tiene miedo sea un cobarde. No creo que el que tiene
más miedo sea menos valiente. Siempre y cuando te enfrentes a ellos. Es más,
para mí es la mejor de las virtudes junto a otra también muy importante: la de
saber callar, cuando hay que callar. Esa desgraciadamente no está a la orden
del día.
Lo siento, pero
hoy debo pecar de oportunista. Y lo soy por querer afrontar un tema que
debiéramos tener presente en nuestras vidas cada día. Y además de oportunismo
de ignorancia, porque ni conozco a las víctimas, ni siquiera la zona donde
ocurrió y que, desgraciadamente, desde hace unas horas mucha más gente deseará
no visitar nunca, por mucho que estuviera en sus planes de futuro.
De nada sirve
dar la espalda a la realidad. Mirar para otro lado y pensar que nunca nos
ocurrirá. Porque, una cosa es no tener miedo, salir a la calle sabiendo que
estamos protegidos y otra pensar que somos inmunes. Lo queramos o no, este
diecisiete de agosto nos marcará de por vida, al igual que nos conmocionó ese
despertar de aquel once de marzo o esa tarde del once de septiembre.
El mundo cambió
desde entonces. Desde que nos quedáramos perplejos tras el atentado en Francia
de Charlie Hebdó, aquel mes de enero de 2015, hemos transcurrido por capítulos
negros de nuestra historia muy variopintos. Desde el terror en una discoteca
donde tenía lugar un concierto hasta en un mercadillo navideño. Y nuestro
cuerpo empezó a adquirir un somnífero que nos ha hecho que en el día de hoy
nuestro primer pensamiento, en lugar de haberse sumergido en la más inaudita de
la sorpresa se haya dirigido a esa frase de “alguna vez nos tenía que tocar”.
No pretendo, al
contrario que otros muchos, descubrir el mundo hoy. Todos sabemos que sí, que
esto podía suceder tarde o temprano, y que la próxima vez puede ser en el sitio
en que menos pensamos, quizá más cerca quizá más lejos. Y cuando alguien sale a
decir que “para combatirlo, hay que estar unidos” por dentro pensamos: “eso
solo son palabras”. Y no, no son solo palabras. Porque para estar unidos hace falta
mucho más. No solo que los políticos se junten en un pacto. Es necesario mucho
más que eso. Falta lo más importante: la gente.
La gente que,
cuando haya un atentado como este, no debería tratarlo como un accidente nunca.
Es necesario que estas situaciones no sirvan de base para hacer política, de
absolutamente ninguna ideología. Hace falta que ante esta desgracia las redes
sociales no se conviertan en un continuo debate o en la más prestigiosa de las exposiciones de las
fotos más morbosas y de los bulos más imaginativos. De verdad, es muy feo.
Es feo entrar en
twitter y ver que, entre tanta información verídica que gracias a estar red
social podemos tener al instante, tengamos continuos reproches unos a otros. Esos
que van pidiendo unidad. Qué necesidad hay en días como hoy decir que hay que
echar a todos los musulmanes. Y qué necesidad habrá de tener que rebatir esos
argumentos con otros iguales o peores. Por qué siempre hay que buscar razones a
un hecho como este. La Guerra de Irak, la islamofobia, la turismofobia, la foto
de las Azores. Pienso cuándo se dejará de buscar los culpables y empezar a ser
solidarios y buscar soluciones.
Por qué hay que
atemorizar. Pasar por redes difusiones que no tienen ninguna base con el único
fin de meter miedo a aquellos a los que luego tratan de ‘víctimas’. Cuando conocimos
que trece personas habían perdido la vida, dejamos de lado todo. Olvidamos el
referéndum, la victoria del Real Madrid, la turismofobia, el caso Juana Rivas.
Todo aquello pasó a un segundo plano porque por encima de todo hay algo muy
importante: la vida. Y qué pena que para darnos cuenta de ello tengan que pasar
estas cosas.
Para los que
hayan seguido el atentado de Barcelona, que pasará a la historia como el
primero de esta nueva era que se produce en España, seguramente estén saturados
de ver las imágenes, fotografías, vídeos de personas tiradas por los suelos, de
alarmas en el móvil, de tweets inoportunos y de mensajes emocionantes
acompañados de crespones negros y corazones rotos. Poco a poco todo regresará a
la normalidad y esas imágenes, como otras muchas, irán pasando al cajón del
olvido hasta que vuelva a suceder, ojalá que dentro de mucho y, si es posible,
nunca.
Aquel jueves de agosto
no se olvidará por los Atentados en Barcelona. Pero ese viernes que le
acompañaba se recordará para siempre por el amor, la empatía, la unidad. El día
en el que todos sentimos amor por una ciudad. El día donde abrazamos a gente
que no conocíamos. El día en el que gritamos todos juntos por las familias,
amigos de aquellos que rambleaban en esa tarde y que ya no podrán volver a
hacerlo. Porque, en verdad, todos hemos querido ramblear hoy para estar ahí,
donde todo ocurrió, entre las flores, velas, peluches, para gritar “No tenemos
miedo”. Desgañitarse para decir que por mucho que golpeen no podrán vencer.
Porque sin duda para muchos quedará un dolor irreparable, huecos
insustituibles, pero nunca nos quitarán la voz. Las palabras. El reflejo de la
razón del hombre. Razón que ellos nunca tendrán.



M'agrada #notincpor . Comparto tu opinión, cosas así no deben repetirse nunca !
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