Capítulo 45
Lo que bien empieza bien acaba
"El final de una obra debe hacer recordar siempre el comienzo" Joseph Joubert
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| Uno de los muchos que se fotografió el culo |
Cuando alguien escribe una
historia tiene que pensar en un final. Un buen final. Un epílogo que resuma
todo aquello de lo que ha hablado y dejar al lector con el buen sabor de boca
con el que empezó. Este es el
final del libro, un libro que no solo he escrito yo.
Por acabar con algo agradable, y no estar todo el día poniendo verde
todo lo que se mueve, hablemos de cosas curiosas que seguramente no hayan oído
aún. Algo para que si no se han reído hasta ahora, provoque su primera
carcajada. Mejor tarde que nunca.
Si alguna vez por Whatsapp o por escrito se encuentran con algo así “Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwyll-llantysiliogogogoch”,
no piensen que están enfadados con ustedes, o que se ha vuelto loco el teclado.
Se trata de un pueblo de Gales, concretamente el tercero más largo del mundo
(terminológicamente hablando). Allí hablar inglés no es tan difícil, si lo
comparamos con aprender a pronunciar el nombre de la localidad.
Otra de las grandes incógnitas que aún nadie ha logrado destapar es el
de la fórmula mágica de la Coca Cola.
¿Sabían que contenía cocaína en sus inicios? Pues es real. Empezó siendo una
mezcla de hojas de coca y semillas de cola, incluso hay un mito que explica que
originalmente era verde, ya que tenía como fin aliviar el dolor de cabeza y
disminuir las náuseas. Era vendida por 5 céntimos cada vaso. Quién nos lo iba a
decir.
Pero lo que sé que os va a encantar es la simbología de una palabra: FUCK. ¿Alguien conoce de donde viene
ese vocablo? O ya no digo eso. ¿Alguien se ha molestado en saber por qué se
dice así? Presten atención. “Fornication Under Consent of the King” (Fornicación bajo consentimiento del Rey).
Palabras que aparecían en un cartel de alguna casa donde se practicaba sexo con
la venia de los reyes en Inglaterra, hace ya algún que otro telediario.
En fin, siempre es bonito contar curiosidades.
En la vida uno se encuentra con cosas raras y qué mejor que compartirlas. Por
ejemplo, descubrí que el 23% de las
fotocopiadoras que se estropean son por gente que se sienta sobre ellas para
fotocopiarse el trasero, o que es imposible chupar el codo. Sí, seguramente
esto lo sabían, pero lo que no conocían es que si son capaces de hacerlo, también serían capaces de chuparse el pito.
Pruébenlo, pero ya después de acabar de leer, que no queda mucho.
Estoy seguro de que por un lado ya están hartos de oírme hablar, aunque
no me escuchen y solo lean. Resulta
cargante ver a un tío que da su punto de vista como si fuera el único que
existe, y que critica cada cosa como si él no la hiciera. Pero como vengo diciendo
en cada uno de estos cuarenta y cinco capítulos que conforman esta historia,
hay algo que es muy importante y es saber
reírse de uno mismo, y no precisamente tiene que ser con malos modos.
Durante este mes he oído muchas opiniones. Desde los mejores elogios tanto de
personas de menor edad como de gente mayor, a críticas que me han hecho
replantearme muchas cosas de las que escribo. Pero, oigan lo que oigan, por
mucho que les guste oír otros puntos de vista, el que cuenta verdaderamente es
el suyo propio.
Nadie puede asegurar (ni yo)
que el año que viene el Tuitero Resentido regrese. Puede que lo haga, o puede que su creador
decida tomarse un aire renovado y tirar para otro lado. Tampoco nadie podría imaginar que a estas alturas no tendríamos
gobierno, y aquí estamos, o que íbamos a tener siete oros en Río, o que las
riñoneras iban a comandar la moda a veces tan agostada en un ya avanzado Siglo
XXI. Puede que este sea el final definitivo, pero en este verano también
hemos aprendido muchas cosas: a sonreír
menos en las fotos, a ver que las redes sociales a veces no son lo que parecen,
a que ser únicamente únicos es una de las mayores virtudes que a día de hoy se
pueden obtener, o que un simple juego de golpear una pantalla puede cautivar la
mayor parte de nuestro tiempo. Al fin y al cabo, todo sirve para disfrutar
en esta vida.
Gracias a los que me leen, a
los que no me leen por saber que aún hay más gente a la que podría llegar, a
los que me ayudaron en cada artículo o a los que me motivaron a hacerlo, a
quien me dio la idea de empezar a escribir y a quienes me incitan a no dejarlo,
y por su puesto a aquellos que día a día se han esforzado en pinchar el enlace
y en dejarme su comentario, ya sea crítico o no, que siempre me hace sonreír
primero, y mejorar después.
Espero volver, deseo que en poco menos de un año siga habiendo temas de los que
hablar y darles un sentido, aunque a veces no lo tengan. Hasta entonces, disfruten
de los éxitos, aprendan de los errores, ignoren lo que quiere hacerles daño y,
sobre todo, dejen de pensar en la vida,
y dedíquense a vivirla.
EL Tuitero Resentido

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