domingo, 7 de agosto de 2016

CAPÍTULO 40: Tan parecidos, tan distintos

Capítulo 40


Tan parecidos, tan distintos

“El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” (Proverbio turco)


A pesar de todo, parecen amigos
Para algunos, la amistad significa respeto, comprensión, empatía. Para otros, quiere decir ayuda, fiabilidad y compromiso. Un amigo es una persona que, sin ser de quien está contigo celebrando tus triunfos, pero también está cuando lloras tus fracasos. Te hace ver lo que está bien y lo que está mal. Se ríe con tus gracias y te advierte de tus errores.
Los amigos son esa panda que a veces desconocemos. Ese grupo de gente de la que creemos saberlo todo, pero que al final siempre nos sorprenden Sí, los amigos, que cada uno es un mundo, y que son tan distintos, pero a la vez imprescindibles:
      
-        -   Para empezar, tenemos al amigo organizador: ese pobre hombre que se pasa el día intentando hacer un plan y buscando por todos los medios que le hagan caso para ponerse todos de acuerdo en algo. Ese hombre (o mujer) que, aunque ve cómo educadamente nadie se lo hace, continúa en su intento hasta decir aquella famosa frase de… “bueno, el que quiera ir que lo diga”, mostrando su cansancio.

-        -   En segundo lugar, el amigo ‘ameba’: lo contrario al organizador. Este personaje no come, pero también puede no dejar comer. Es decir, hay algunos que nunca dan su opinión y dejan en manos de los demás los planes. Pero en este caso, ni eso. Seguro que alguna vez les ha ocurrido: Vamos a ir al cine, y nuestro amigo ameba opina que “le da igual qué película ver”. El organizador, en vista de que nadie se anima a proponer ninguna, plantea una. En ese momento, nuestro amigo ameba muestra su queja: “No, esa no me gusta”. Y así continúa hasta que el pobre organizador se cansa de proponer y se enfada, y el ameba se exculpa diciendo su idea principal: “No, si a mí me daba igual”.

-          - Seguidamente, nos encontramos al ocupado: el nombre ya lo explica. Ese que por mucho que se intente localizar siempre tiene algún plan organizado. El de la agenda llena. “No hoy no, que he quedado” “… es que me voy al pueblo” “… es que tengo cita para blanquearme el ano”. Aunque, para ser sinceros, a mí me encantaría ser él (no por blanquearme ano, que también) sino porque hay una maldita costumbre en esto de la amistad, y es que a veces se premia a los que menos caso te hacen. Es el caso de ese amigo que casi siempre está con otras personas, y cuando da la casualidad de que se juntan los astros y ese día puede quedar con nosotros (en la mayoría de los casos porque los otros amigos suyos no pueden), todos le reciben como un héroe y con unas ganas infinitas (cuando lleva pasando de nosotros todo el tiempo).

-     - En cuarto lugar, el popular (que tendrá un artículo para él solo): un puesto cada vez más cotizado. Esos que van por la calle y dos de cada tres le saludan, o el que queda con amigos para hablar por el móvil con los que no están (que son muchos). Los demás del grupo siempre saltan… “¡qué popular eres!" Pero los populares, con su humildad habitual, siempre contestan lo mismo: “Nah, no lo soy. Pero conozco a todos los de su grupo, ¿eh?” (por si no lo sabíamos)

-          - Para ir terminando, tenemos al vago / bloqueador: es decir, ese que repugna todos los planes y que por su culpa no se hacen. Para que ustedes me entiendan, ese ‘capullito’ que siendo cuatro personas dice no querer jugar al mus, para que se jodan los otros tres. O cuando se necesitan cuatro personas para que nos salga más barato el taxi, y decide subir andando. Un Pedro Sánchez de la vida.

-          Pero nunca faltan los generosos: esos que cuando se va a hacer algo todos y alguien no está, siempre salta: “Mejor lo hacemos un día que esté él”. O los que hacen los equipos cuando hay que jugar al fútbol, los que hacen las cuentas cuando hay que pagar algo, o los que dejan el asiento de adelante del coche para que otro vaya más cómodo. En fin, esos que siempre están y que ojalá nunca desaparezcan.

-          En último lugar, me quería quedar con tres especies. Las más interesantes:

a.    El graciosete: “¿Te sabes el chiste del hombre y las dos vallas? “Vaya hombre, vaya”. Sí, ese que si no cuenta su chiste, revienta. Pero no solo eso, él es el primero que se ríe (y muy frecuentemente el único). Aprovecha cualquier situación para hacer una broma al respecto, aunque no le escuche nadie, y que normalmente en Whatsapp se ríen en mayúsculas JAJAJA. Unos auténticos genios.
b.     El parlante: El amigo ‘cuentahistorias’. Ese que aprovecha para cogerte por banda y contarte una de esas historias que se tiene guardadas, posiblemente desde hace meses. Ya puede ser poco interesante que hasta que él no acabe no te vas a levantar (yo un día intenté escabullirme yendo al baño, pero el tío siguió hablándome desde fuera. Por suerte no entró, aunque si lo llega a hacer igual se calla)
c.       Los ‘fantasmikos’: Se podría decir que son como los parlantes, con la diferencia de que esas historias se convierten en fábulas. Vamos que se las inventan. A veces tienen tan poca astucia, ya que cuentan una versión distinta a cada personas, y se les caza fácilmente.

En resumen, una e las mejores sensaciones es la de tener una panda de amigos tan parecidos, pero a la vez tan diferentes. ¡Qué aburrido sería juntarse con diez personas iguales, pensar lo mismo de todo, hacer lo mismo…! Todo tiene cosas buenas y malas. Cada amigo tiene sus virtudes y defectos. Quién no. Hay de todo en la viña del señor, y… para gustos los colores. Pero los amigos son los amigos, y por muy distintos que sean, como dice Amaral, “por encima de todas las cosas”


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