Capítulo 38
Ellos siguen modas
“Nos reímos de la moda de ayer, pero nos emocionamos con la de antes de ayer, cuando está en vías de convertirse en la de mañana” (Marlene Dietrich)
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| El pelo de Pogba, un tanto raro |
Llegó
el momento que más estaba (y estaban) esperando. El día en el que se les va a
ver el plumero. Se acabó el quedar bien conmigo diciendo “me gusta tu artículo”
“¡qué razón tienes!”. Hoy mis visitas empezarán a descender y muchos me cogerán
manía por hablar de cosas en las que ellos están involucrados, y por primera
vez me criticarán a mí. Y eso es lo que más me gusta.
Nos
rodeamos de gente que sigue modas. Sí. Por mucho que Juan Magán nos intentara
convencer de que “ella no las sigue”, lo cierto es que lo normal es hacerlo.
Según los expertos diseñadores, una moda dura una media de seis meses, lo que
nos quiere hacer ver que hay que tener cuidado con no cogerla tarde y nos
quedemos anticuados. Hablaremos de moda aunque, cómo no, siempre dentro de ella
se encontrará el famoso postureo.
Como
ya comprobamos el año pasado en “cómo ha cambiado el cuerpo”, nuestro físico,
nuestros complementos… evolucionan de manera continuada. Tanto que en apenas un
año hay que hacer otro artículo con cosas totalmente nuevas. Pero, llegados a
este punto, planteo una pregunta. ¿Nos vestimos de una forma u otra por gusto,
o porque lo hacen los demás? ¿Nos compramos algo porque nos apetece o porque se
lo hemos visto a alguien famoso?
El
cambio está bien, pero siempre me gusta dar mi toque personal a algunos que me
parecen destacables e interesantes. Uno especialmente me sobresalta. Va
dirigido a los hombres. Sí, hoy les toca a ustedes (y a mí). Esa afición que a
muchos les ha entrado en los últimos años por parecerse físicamente a las
mujeres. No sé si es porque da ‘más rollo’, más ‘swag’ o porque se aburren de
ser hombres, pero si aún esto les parece un disparate, presten atención:
Empezamos
por el pelo. Sé que ahora a la mayoría de los chicos nos da por los degradados.
Nos rapamos el pelo lo más posible, llegando al 0,5 o al 0,2, en homenaje a
nuestras mejores notas de clase. Pero, en los últimos meses, visto que se puede
quedar ya en la cuneta, hemos vuelto a la Prehistoria y nos lo hemos vuelto a
dejar largo. Y claro, la melena ya es cosa del siglo pasado, así que toca
recogerse el pelo en forma de moño, kiki o lo que se diga. Primer acercamiento
al sexo femenino. No me imagino las collejas que me habría llevado yo si me
recojo así el pelo hace un tiempo.
Siguiendo
en el rostro, otro punto a destacar son las cejas. Está de moda hacerse una
especie de ‘brecha’ en la ceja. A mi gusto, la moda más estrambótica desde ver
cómo los chicos de ahora se entretienen lanzando una botella para ver si cae de
pie al suelo (debe ser que si eso ocurre, sale un nuevo Pokemon).
Pero
no solo el pelo de la cabeza. Bueno, mejor dicho, ya ese es el único que
existe. Cualquier pelo del resto del cuerpo ya no es bienvenido. Segunda
similitud. Pelo, caca. Ahora nada de pelos ni en las piernas, ni en el cuerpo,
ni en los pies… nada.
Nos
adentramos en la vestimenta. Las camisetas. No hace falta ser un lince para
darse cuenta. Lo que antes era todo apretado, todo ajustado, todo ‘fit’, ahora
se ha convertido en todo largo, todo espaciado, todo ‘extensive’. Camisetas
largas, lo más posible, y a veces complementadas con una de esas chaquetas de
la misma longitud o más, con esa cremallera al lateral que aún no sé muy bien
para qué sirve. Así se presentan las modas. Una simple camiseta blanca, sin
dibujos, lisa, que te sobra por todos los lados es lo que ahora se lleva. Y es
que a veces lo más sencillo es lo más recurrido.
Por
suerte, para cubrirnos nuestras partes más íntimas, aún está vigente llevar
ropa interior. Los pantalones… ya tal. En vista de que no era suficiente tener
algo descosido en la pernera, de que remangárselos para enseñar el tobillo (vaya
a saber usted para qué) no era bastante, hemos decidido cortar por lo sano.
Rodillas al descubierto. Prefiero no pensar dónde será el próximo agujero en el
pantalón.
Lo
que me llama la atención, es que estas modas muchas veces se quedan a medias.
Por ejemplo, ¿por qué ahora nos da por llevar camisetas largas y espaciadas,
pero los pantalones siguen siendo tan apretados? Pues nunca se sabe, como diría
Mariano. Aun así, hay cosas que creo que sí deberían replantearse. Ver cómo los chicos nos arreglamos hasta abrocharnos el último cuello de la camisa cuando
salimos a dar una simple vuelta, pero luego nos ponemos el chándal más grimoso
cuando salimos con nuestra novia, no me
parece lo más sensato. Aunque también es verdad, la culpa no siempre la tiene
quien lo lleva, sino quien se lo permite. A ver si las que van a tener mal
gusto son ellas…

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